jueves, 17 de febrero de 2011

El padre del aula

El 15 de febrero se celebró el bicentenario de la muerte de Domingo F. Sarmiento. Homenajes de todo tipo recorrieron el país y los principales diarios (acá y acá, por ejemplo).
No voy a escribir sobre todo lo bueno que hizo Sarmiento. Esa es historia harto conocida. Sin embargo, quiero enfocarme en ciertos puntos que la historia oficial suele olvidarse de comentar, principalmente su pensamiento xenófobo y su intención de regalar la Patagonia a Chile (donde vivió mucho tiempo exiliado).
Les dejo unos extractos recopilados que muestran un poco esto:

“Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran: porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no puede vivir por sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer”. (Del discurso en el Senado de la Provincia de Buenos Aires, 13 de septiembre de 1859).

“No trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos”. (Carta a Bartolomé Mitre, 20 de septiembre de 1861).

“¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”. (“El Progreso”, 27 de septiembre de 1844).

Y con respecto a la expropiación de la Patagonia:

“He contribuido con mis escritos aconsejando con tesón al gobierno chileno a dar aquel paso. Magallanes pertenece a Chile y quizás toda la Patagonia. No se me ocurre, después de mis demostraciones, cómo se atreve el gobierno de Buenos Aires a sostener ni mentar siquiera sus derechos. Ni sombra, ni pretexto de controversia queda”. (El Progreso 11 al 28 de Nov. 1842 y La Crónica 11/3 y 4/8/1849).

“La cuestión de Magallanes nos interesa bajo otro aspecto que no es puramente personal. En 1842, llevando adelante una idea que creíamos fecunda en bienes para convicción de que aquel territorio era útil a Chile e inútil a la República Argentina". (El Progreso, diario chileno dirigido por Sarmiento, 28 de noviembre de 1842).

“Téngase presente además, que todas las cartas geográficas hechas en Europa, ponen los límites a la República aquélla, el Río Negro al Sud, demarcando separadamente la Patagonia como país distinto, y aunque este hecho no constituya derechos en favor de nadie, muestra ya la opinión de todos los pueblos con respecto a aquellos parajes, que la colonización española no ha ocupado; y no sabemos si sería obra de caridad arrebatar el terreno para poblarlo, a un gobierno como el argentino, que no es capaz de conservar poblado el que le dejó sometido y pacificado la España”.
(“La Crónica”, de Santiago de Chile, 29 de abril de 1849).

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