martes, 3 de mayo de 2011

Yes we can (kill)

Me resultó patético ver a los norteamericanos congregados en Nueva York o Washington festejando la (supuesta) muerte de Bin Laden.
Por más que haya sido el (supuesto) ideólogo del ataque a las torres gemelas, eso no quita que con su festejo avalaran la decisión de un presidente (nobel de la paz!) a ejecutar a sangre fría a una persona. Y esto en un país "civilizado, cristiano y democrático", como dicen ser, no tiene justificación.
Estados Unidos podrá ser la mayor potencia económica del mundo, pero en materia de derechos humanos viene mostrando hace tiempo que hace agua. Y este caso no fue la excepción. En vez de utilizar esta oportunidad para dar un ejemplo al resto del mundo sobre como manejar este tipo de situaciones de una forma políticamente correcta, ¿qué hacen? Una vez más combaten violencia con más violencia: lo ejecutan sin siquiera un juicio previo, y lo que es todavía más, en territorio ajeno.
Sin embargo, a mi entender, lo más terrible de todo esto es que acá el Estado norteamericano se arrogó el derecho de decidir quién vive y quién no. Llevado a un extremo, eso mismo pasó en nuestro país. Acá por suerte no lo festejamos. Bueno algunos probablemente sí...


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