viernes, 17 de junio de 2011

¿Es viable el MEK?

Siguiendo con la serie de posts sobre el MEK, en esta ocasión trataremos de responder dos preguntas más: ¿Fue positivo el impacto en la economía de las medidas anteriormente mencionadas? Y, ¿es viable el modelo en el largo plazo?
Para poder analizar esto, hay que dividir la gestión del gobierno en dos subperíodos: 2003-2007 y 2007-2011.
De esta forma, en un principio el modelo se caracterizó por un tipo de cambio alto y salarios bajos (heredados de la devaluación de 2002) que permitieron tener una alta competitividad especialmente en los sectores transables. A partir de esto, y con una coyuntura favorable, el país creció fuertemente logrando un superávit fiscal y de cuenta corriente (con la consecuente acumulación de reservas), una baja inflación, una importante reducción de la deuda externa (que logró finalmente desvincular a la Argentina de la influencia del FMI) y un tipo de cambio real alto y estable (el famoso TCRAE). Este auge en la economía permitió implementar una política de generación de empleo y mejora de las condiciones salariales que a su vez impactaron positivamente en la reactivación y crecimiento de la economía.
A partir de 2007 el panorama comenzó a cambiar: con salarios más altos, una inflación mayor y un tipo de cambio real apreciándose (ya que la depreciación del tipo de cambio nominal fue menor que el aumento de los precios locales), la competitividad de los sectores se fue erosionando, fundamentalmente la del sector transable. Esto, sumado a la alta elasticidad-ingreso de las importaciones, generó una continua reducción del superávit de cuenta corriente (el cual podría llegar a tornarse deficitario en 2012). Por otro lado, el superávit fiscal también se redujo durante todos estos años.
Así, habría básicamente dos elementos que ponen en jaque la viabilidad del MEK: la pérdida de competitividad y el (probable) déficit de cuenta corriente[1].
Entonces, ¿es viable el modelo?
Por lo menos en el corto-mediano plazo sí. El país cuenta con una suficiente cantidad de reservas como para financiar un déficit de cuenta corriente (y/o fiscal). Sin embargo, el desafío más grande que enfrenta el gobierno para los próximos años es el problema estructural de la pérdida de competitividad. Este es un elemento clave ya que tiene un impacto directo tanto en la inflación como en la cuenta corriente.  Y es justamente un gran desafío ya que este problema no se soluciona con una medida aislada o de carácter cortoplacista sino que requiere de  un conjunto de medidas que implican un alto nivel de planificación.
Buen fin de semana largo.



[1] Si bien es indudable que la inflación afecta negativamente a la economía (principalmente perjudicando a la clase trabajadora) y que es un problema que debe estar en la agenda principal del gobierno para la próxima gestión, por ahora no parece afectar la viabilidad del MEK ya que no está creciendo ni distorsionando los precios relativos.

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