sábado, 27 de agosto de 2011

¿Y ahora?


Unos días atrás Eduardo Levy Yeyati publicó en su blog una entrada que habla sobre el modelo económico argentino. Su análisis retrospectivo del mismo, es bastante similar al realizado en este blog, aunque con un grado de profundidad notablemente superior.
Además, él va un poco más allá y ve para el futuro inmediato dos opciones a nivel macro: continuidad de las tendencias actuales (salida neta de capitales, presión cambiaria, inflación en ascenso, cuellos de botella y desaceleración del crecimiento); o renovación (manejo de las expectativas de crecimiento privilegiando la inversión por sobre el consumo, estabilización de precios a través de un programa de metas de inflación y sinceramiento del INDEC, recuperación del margen externo para reducir el costo financiero; todo lo cual atraería inversiones extranjeras y repatriación de capitales).
A su vez, estas dos opciones plantean distintas formas de manejar el tipo de cambio y la cuenta corriente: lo que está tratando de hacer el gobierno (evitar la apreciación y al mismo tiempo mantener el superávit de cuenta corriente para proteger la industria nacional); y lo que plantea Eduardo y que es similar a lo que está sucediendo en Australia y (en menor medida) en Brasil (tipo de cambio apreciado y cuenta corriente deficitaria financiada por inversión extranjera directa y de cartera).  La crítica que desprende del manejo actual del gobierno es entonces que no hace falta tratar de mantener el superávit de cuenta corriente ya que es errónea la interpretación de que la crisis de 2001 haya sido causada por el sobreendeudamiento.
Sin embargo creo que existirían dos salvedades por remarcar. Por un lado, habría que analizar no solo el impacto puramente económico que tiene un incurrimiento en un déficit de cuenta corriente sino también el impacto político: podría llegar a transformarse en un alto costo político la presencia de este déficit para la sociedad, magnificado  seguramente por los principales medios de comunicación. Y, aunque más difícil, podría llegar a generar una corrida bancaria que presione aún más sobre el dólar y la suba de precios. Por otro lado, podría suceder que la otra opción denominada “renovación” atraiga en su mayoría capitales de corto plazo especulativos, como está sucediendo ahora en Brasil, cuyo impacto sea una fuerte apreciación y primarización de la economía (algo de lo que hablamos acá).
Entonces la solución, ¿cuál sería? Una pregunta bastante complicada, aunque me atrevería a arriesgar que involucra parte de ambas propuestas anteriores: continuar sin caer en el déficit de cuenta corriente y a su vez reducir la inflación (sincerando el INDEC pero sin establecer un programa de metas de inflación que puedan atraer capitales especulativos). Una vez logrado esto último, si la caída en la inflación supera la depreciación del dólar, entonces la depreciación real de la moneda tendrá un impacto positivo en la balanza comercial que aliviará las tensiones en la cuenta corriente. 

3 comentarios:

  1. Reducir la inflación de qué forma?

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  2. En el corto plazo, reduciendo la emisión. Realmente no parece haber otra forma.
    En el mediano plazo, profundizar el proceso de industrialización para evitar los cuellos de botella.

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