viernes, 14 de diciembre de 2012

Sobre los planes de estudios

Hueveando por la web, llegué al plan de estudios de la Licenciatura en Filosofía de la UBA. Y quedé realmente asombrado: en primer lugar, ya en el primer año de la carrera (CBC) podés elegir 3 de las 6 materias que hay que cursar. Una vez aprobado, pasás al Ciclo de Grado (14 materias básicas) y luego a las Orientaciones. ¿Qué significa esto? Bueno, básicamente se entiende por sí solo; el alumno elige entre 5 orientaciones distintas, donde cada una de éstas consta de 4 materias obligatorias y otras 6 optativas (que pueden ser materias de las otras orientaciones o de otras carreras de la facultad). Pero no termina ahí la cosa, porque el alumno "puede proponer una orientación propia, si es que no lo satisface ninguna de las previstas". Simplemente fantástico.
Yo creo que algo muy cercano a esto (capaz que con algún grado menos de libertad) es el plan de estudios ideal. Es decir, una licenciatura de 4/5 años donde el alumno tenga una primera parte troncal en la que se vean los conceptos básicos y fundamentales de la carrera, y que luego pueda decidir entre un abanico de opciones. Algo así es el sistema estadounidense.
Por el contrario, en Argentina (y particularmente en las universidades públicas), en general lo que se observa son carreras largas y extremadamente rígidas (con suerte se llega a las 3 optativas). Esto no permite que el alumno se oriente en lo que más despierte su interés, algo que con 20/21 años y media carrera adentro ya está en condiciones de saber. Además esto hace difícil que consiga trabajo relacionado con lo que está estudiando porque no tiene el título. Y no tiene el título porque la carrera es larga, en fin.
Yendo al caso puntual del plan de estudios de Economía en la UBA, se podría hacer por ejemplo un tronco común donde se dé la teoría económica (micro y macro) junto con las matemáticas, para luego elegir una orientación, que puede ser profundizar la teoría económica ortodoxa, irse para el lado de la econometría, o bien adentrarse en las distintas vertientes heterodoxas.

jueves, 29 de noviembre de 2012

2020

Fue en el año 2020 que la mayoría de la gente comenzó a “entender” realmente lo que es el dinero. En ese momento, muchos se preguntaron cómo no se habían dado cuenta antes.
La mayoría coincide en que el cambio comenzó con el colapso final de la zona euro en el 2018, un evento que se veía venir desde hace tiempo. La sorpresa fue que la ruptura con la Unión Europea  arrancó en Italia, y no en Grecia como todos esperaban. Resultó ser la sangre caliente italiana la que primero se hartó de un ajuste tras otro, situación que obviamente en algún momento se iba a tornar insostenible. Ante estas circunstancias, el 12 de septiembre de 2018 el presidente (del Partido Republicano Italiano) renunció a su cargo, y en su lugar asumió el Partido Democrático. Al día siguiente se anunció la ruptura con el euro y la restauración de la lira (el peso italiano), aumentos de salarios y de jubilaciones, al mismo tiempo que se volvía a fijar la edad de retiro en los 65 años.
Los pronósticos de una hiper-inflación que realizaron los economistas ortodoxos ante estas medidas, nunca ocurrieron. Por el contrario, la gente volvió a trabajar recogiendo los escombros que se habían acumulado durante meses, reconstruyendo los edificios quemados y reparando calles y edificios que no habían sido mantenidos en los últimos años.
Lo que desconcertó a todos, fue la decisión del ministro de economía sobre cómo realizar la transición del euro hacia la lira. ¿Para qué tomarse la molestia y el gasto de volver a imprimir liras? Hacía un tiempo ya que los teléfonos celulares tenían la capacidad de realizar transacciones financieras de manera electrónica. Entonces, lo que hizo el ministro fue eliminar todo el dinero material y lo reemplazó con dinero digital. Para esto se le dio a cada ciudadano la Tarjeta Lira Digital (TLD) que podía ser cargada con liras en cualquier cajero, y luego cuando uno hacía una compra éstas eran debitadas a través de un programa en los teléfonos celulares.
Al poco tiempo, los nuevos trabajadores contratados por el gobierno para reconstruir el país estaban cobrando sus sueldos en los cajeros con sus TLDs y luego comprando vino, pan, pizza, aceite de oliva y muchos otros productos más en los supermercados y negocios. Los restaurantes volvieron a abrir sus puertas, e incluso el Teatro dell’Opera (que había cancelado la temporada 2017 por la falta de venta de entradas) volvió a brindar grandes espectáculos. ¡Y todo esto se hacía solamente con una tarjeta!
Lo mejor de todo fue que en pocos meses el país se recuperó y la crisis ya era cuestión del pasado. Después de todo, Italia no estaba en bancarrota como decían; simplemente se había quedado sin euros.
Lo que realmente llamó la atención de todos fueron las TLDs. Había algo acerca de cómo utilizar el dinero electrónico que comenzó a cambiar la forma de concebir al dinero mismo. No era porque fuera algo novedoso (hacía décadas que la mayoría de las transacciones financieras se realizaban de esta forma), sino más bien el hecho de que ya no existiera ni un solo billete, que el dinero en efectivo hubiera desaparecido completamente de la faz de la tierra.
La lira ahora solo existía de manera digital, eran números en una pantalla. Ya no se podían tener billetes, ni contarlos para saber cuánta plata tenía uno, o guardarlos en una caja de seguridad. Tampoco se podían caer del bolsillo o ser robados. De a poco comenzó a desaparecer esa idea de que el dinero era un objeto material, y por lo tanto su asociación con una cantidad finita.
Aún más raro era que ahora todo el mundo comprendía de donde salían las liras digitales. Éstas eran creadas por el gobierno, con solo apretar un par de teclas en las computadoras del Banco Central. No había ningún costo en producirlas, ni nada por el estilo. Y no se agotaban.
Los bancos continuaron haciendo préstamos como antes, pero otra sorpresa apareció acá también: el programa utilizado en los teléfonos celulares para manejar las cuentas bancarias mostraba claramente que cuando se otorgaba un préstamo, el banco NO estaba incrementando la base monetaria (creencia que se sostuvo por cientos de años). Cuando un panadero pedía prestadas 100 liras para comprar harina, en el haber de su programa mágicamente aparecían 100 liras, pero al mismo tiempo en el debe se mostraban -100 por la deuda contraída con el banco. Así, el neto se mantenía sin cambios. Es decir, ¡el banco no había creado ninguna lira en absoluto! Esto reforzó la idea de que las únicas liras creadas eran las que el gobierno decidía a través de las computadoras en el Banco Central. No había otra forma.
Y mientras esta idea cobraba cada vez más fuerza, la gente también se percató de que la única forma que tenía el gobierno de introducir nuevas liras digitales en la economía era comprando bienes.
Y entonces el gobierno empezó a hacer eso. Para el asombro de todos, durante el 2019 el gobierno realizó licitaciones con empresas privadas por más de 60 billones de liras para reconstruir y reparar la infraestructura del país. Además se incrementó notablemente el gasto en educación pública: se crearon nuevas escuelas y universidades, se aumentaron los sueldos y la capacitación a los docentes y así la educación pasó a ser prioridad nacional.  Esto se tradujo en una rápida caída de la desocupación ya que eran muchas las obras que había que hacer: la tasa de desempleo,  que se ubicaba en torno al 40%, cayó a menos del 10% en 2020.
La caída del desempleo hizo que las discusiones de política económica pasaran a centrarse en la estructura impositiva. Lo más interesante fue que la introducción de la lira digital hizo que se dieran cuenta de que el fin principal de los impuestos no era recaudar dinero para financiar los gastos del gobierno. Había quedado perfectamente claro que el gobierno podía gastar todo lo que quisiera simplemente creando más dinero con las computadoras del Banco Central; para eso no era necesario primero tener que recaudar a través de los impuestos. Por el contrario, la razón principal por la que son precisos los impuestos es para retirar dinero de la economía, y así evitar presiones inflacionarias en el mercado. Si bien todavía no habían aparecido señales de aumentos en los precios, parecía inevitable que esto sucediera en el corto-mediano plazo dado que la economía avanzaba velozmente hacia el pleno empleo.
Así, el gobierno se dio cuenta del efecto que tenía la aplicación de impuestos: retirar liras de la economía que previamente el mismo gobierno había creado, y así controlar la cantidad total de dinero para que no se desataran presiones alcistas sobre los precios.
El siguiente punto de discusión fue acerca de la otra función que tiene la aplicación de impuestos y el gasto público: la redistribución de la riqueza y los ingresos. De este modo, se sostuvo la idea de que se debía seguir utilizando este recurso como herramienta de redistribución (a través del seguro de desempleo, impuesto a las ganancias, gasto social, etc.) pero se dieron cuenta de que como ya no era un objetivo el tener que recaudar para poder gastar, se eliminaron los impuestos que afectaban a toda la población de forma regresiva, como el IVA por ejemplo.
Hubo, sin embargo, un grupo de personas en particular que no estaba contenta con todo esto: los corruptos. Como ahora todo el dinero era digital, al poco tiempo se creó un programa que podía rastrear cada lira que había creado el gobierno y ubicarla en todo momento, sabiendo quién la tenía. De este modo, resultaba extremadamente difícil lavar dinero, no declarar los ingresos o quedarse con una tajada de una licitación pública, por ejemplo. Rápidamente estas actividades delictivas se redujeron de forma drástica.
El resto del mundo estaba observando lo que sucedía en Italia, y con mucho interés por supuesto. Los economistas ortodoxos estaban teniendo serios problemas para explicar la “Primavera Italiana”: no podían entender cómo es que el supuesto déficit fiscal que se estaba acumulando en las finanzas públicas de este país en realidad no era una deuda que tenía que ser pagada en el futuro.
Sin embargo su confusión comenzó a disiparse cuando el sector financiero (esos mercenarios que hicieron que la Unión Europea se rindiera a sus pies durante todos esos años que duró la crisis de deuda, haciendo subir las tasas de financiamiento de los países deudores y al mismo tiempo negándose a la más mínima quita de intereses), viendo el impresionante crecimiento que había logrado Italia en tan poco tiempo, quiso volver a comprar bonos públicos de este país. Entonces el ministro de economía dijo: “¿Bonos? No tenemos más bonos para vender. ¿Para que querríamos vender bonos? Ya no necesitamos financiarnos a través de préstamos” A lo que los mercenarios respondieron: “¡Pero nosotros queremos comprarles bonos! Necesitamos un lugar donde colocar las cantidades monstruosas de dinero que tenemos y que nos den intereses. ¡Necesitamos que ustedes emitan bonos así nosotros se los compramos!”. Y el ministro replicó: “Si ustedes quieren invertir su dinero en Italia, pueden poner una fábrica, traer una nueva tecnología que convierta la luz solar en energía eléctrica o financiar un nuevo teatro…pero no vengan con la idea de comprar bonos. Ya no estamos más en el negocio de guardarles la plata con la que no saben qué hacer y encima pagarles un interés por ello”.
Corría el año 2020, y el mundo entero recién entonces comenzaba a entender cómo funcionaba el dinero.

Readaptado de acá.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Steve Keen: una lectura post-keynesiana de la crisis

Muy recomendable seminario (un poco largo, eso sí) dado por Steve Keen donde presenta y desarrolla elementos teóricos sumamente interesantes relacionados con la crisis internacional como son el dinero endógeno a través de las teorías de Minsky y Schumpeter; la importancia del stock de deuda privada (más que su distribución); y el concepto de que la demanda agregada es igual al ingreso más el incremento en la deuda.



domingo, 18 de noviembre de 2012

Lanata y el desendeudamiento

El domingo en su programa, Lanata realizó un informe sobre el desendeudamiento, “uno de los pilares del verso K”. Si bien nos tiene acostumbrados a presentar los hechos de un modo bastante sesgado, en este caso directamente incurrió en falacias de todo tipo.
Resumo, de forma general, las afirmaciones que se exponen a lo largo del informe para luego discutir cada una de ellas:
1) Durante todo el gobierno kirchnerista la deuda pública aumentó.
2) Es igual de peligrosa la deuda interna (en pesos) que  la externa (en dólares).
3) Esto se debe a que la deuda interna significa que el gobierno se está endeudando:
a. A costa de las generaciones venideras.
b. A costa de los jubilados (fondos de la ANSES).
c. A costa de una mayor inflación (fondos del BCRA).
d. A costa de reducir el crédito productivo (fondos del Banco Nación).
      4) En lugar de repudiar el pago de esa deuda por tener un origen dudoso, se decidió pagar todo sin chistar.
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1) Durante todo el gobierno kirchnerista la deuda pública aumentó.
Este es el punto central del argumento de Lanata. Efectivamente, la deuda pública total aumentó nominalmente 30.154 millones de dólares en los últimos 9 años, pasando de USD 152.587 millones en junio de 2003 a USD 182.741 millones en junio de 2012. Sin embargo, la falacia radica en que la deuda no se mide en términos absolutos, porque eso no es parámetro de nada: ¿si la deuda pública de China fuese también de USD 182.741 millones, eso significa que esta deuda y la argentina son equiparables? Está claro que no.
Para evaluar la deuda de un país es necesario tener en cuenta su capacidad de pago, es decir sus ingresos. Y es por este motivo que la medida estándar que se utiliza acá y en todo el mundo para calcular la deuda es el coeficiente deuda/PBI, que toma en consideración esto último.
¿Cuál fue la evolución de este coeficiente en los últimos años? Se redujo continuamente hasta ubicarse en 41,5% en junio de 2012. Y si se lo compara con el resto de los países, vemos que se encuentra entre los más bajos de todos (ver gráfico).
¿Y cómo es que este coeficiente se redujo, si el stock de deuda aumentó en todo este tiempo? Porque el PBI (el denominador en el coeficiente) creció mucho más, por lo tanto el indicador se achica.

2) Es igual de peligrosa la deuda interna (en pesos) que  la externa (en dólares).
Este punto a mi entender, resulta fundamental. Esto se debe a que hay un abismo entre endeudarse en pesos en lugar de hacerlo en dólares.
En primer lugar, no existe el default (no pago) de la deuda en moneda local, ya que si no alcanzan los pesos para pagarla, el gobierno tiene la potestad para crear más dinero (más adelante se verá si esto trae consecuencias). En cambio los dólares no, y por lo tanto hay que conseguirlos de alguna otra forma. Si no se consiguen, viene el FMI y nos obliga a hacer un ajuste, como pasó en 2001 y como actualmente está sucediendo en varios países del primer mundo en Europa. Por lo tanto la deuda externa condiciona y restringe la capacidad de toma de decisiones que tiene un gobierno para manejar la economía.
En segundo lugar, la deuda interna podría financiar TODO el gasto que el gobierno desee hacer (en realidad existe un límite teórico). Es decir, el gobierno podría gastar millones y millones, y que esto sea financiado a tasas bajas.
Nota: Para que esto suceda, los argentinos tienen que ahorrar en pesos (y no en dólares).
Un caso extremo es, por ejemplo, el de Japón: hace años conviven con un coeficiente de deuda/PBI que supera el 100%, y un déficit primario que se encuentra alrededor de los 565 mil millones de dólares para 2011 (9% del PBI). Esto solo es posible porque la mayor parte de su deuda pública es interna.
En tercer lugar (y relacionado al primer punto), la deuda en dólares condiciona el manejo del tipo de cambio, ya que una devaluación se traduce automáticamente en un aumento de la deuda en la misma cuantía.
Existe un cuarto argumento que será tratado en el siguiente punto.
3a) La deuda interna significa un peso para las generaciones futuras.
Este tipo de razonamiento es de lo más común: si el gobierno se endeuda hoy, lo vamos a terminar pagando entre todos los argentinos en el futuro. Sin embargo esto solo aplica para la deuda externa, porque para pagarla se necesita generar recursos genuinos, que obviamente tienen que salir de algún lado.
Esto no es así cuando la deuda es interna. Ni siquiera utilizando un enfoque teórico ortodoxo: un aumento de la deuda hoy significa mayores pagos de intereses en el futuro, y esto se traduce en más impuestos que serán pagados por las generaciones venideras. Ahora, pensemos quiénes reciben el pago de esos intereses…las mismas generaciones venideras!
Lo que se observa entonces es que hay una transferencia de recursos desde los que tienen que pagar los impuestos hacia los que reciben los intereses. Se puede discutir si esta distribución de ingresos es correcta (probablemente no lo sea), pero está claro que un aumento de la deuda no significa un peso mayor para todos los argentinos.
3b) El gobierno se está endeudando a costa de los jubilados.
Lo mismo que se explicó más arriba se puede aplicar en este caso. El gobierno toma pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y a cambio le da bonos. Esto se puede observar de forma consolidada, es decir como parte de un todo. Entonces lo que tenemos es una transferencia de recursos de una institución a otra, de modo que no existe la posibilidad de que falte la plata de los jubilados.
Nota: Lo que sí puede pasar es que el gobierno de turno decida recortar las jubilaciones, pero eso ya es otra historia que depende de sus inclinaciones políticas.
3c) El gobierno se está endeudando a costa de una mayor inflación.
Este es el argumento clásico de la ortodoxia económica (ver por ejemplo acá y acá). Según la teoría, el aumento del gasto por encima de los ingresos resulta en un incremento de la deuda pública, que en parte es financiada por el BCRA con la emisión de pesos. De aquí se desprende entonces que la mayor emisión de pesos se traduce en un aumento de la inflación.
Hay varios puntos a discutir con esta teoría. En primer lugar, el vínculo entre déficit primario e inflación resulta muy débil (ver por ejemplo Amico, 2012); sin ir más lejos, el kirchnerismo convivió con superávit primario e inflación desde 2003.
En segundo lugar, esta teoría se basa en la correlación positiva existente entre emisión e inflación (cuando sube una, sube la otra). Sin embargo, como bien sabemos correlación no significa causalidad. Las vertientes heterodoxas, por ejemplo, postulan que la causalidad es inversa: no es la emisión la que precede y causa la inflación sino todo lo contrario; como los precios suben, eso hace que se necesiten más pesos lo que provoca que el BCRA tenga que salir a emitir más para satisfacer esa demanda. En lenguaje técnico: la oferta monetaria es endógena.
Por último, como destacó Kicillof en su presentación en el congreso, vivimos en un laboratorio de expansión monetaria: Estados Unidos y el Reino Unido cuadriplicaron su base monetaria mientras que la Unión Europea la duplicó. Y a pesar de esto, lo que se observa es un riesgo mayor de deflación que de inflación.
3d) El gobierno se está endeudando a costa de reducir el crédito productivo.
En este caso el argumento sería que el gobierno le quita fondos al Banco Nación y que eso entonces restringe el crédito productivo. De nuevo, si se supone que la oferta monetaria se acomoda a la demanda, esto no sucede. Ante un aumento en la demanda de créditos, se expande la base monetaria y no existe tal restricción.
4) En lugar de repudiar el pago de esa deuda por tener un origen dudoso, se decidió pagar todo sin chistar.
En este punto básicamente lo que se cuestiona es que se haya honrado la deuda, ya que lo correcto sería no pagarla dado su dudoso origen (la deuda externa se disparó durante la dictadura del ’76). Si bien la mayoría estaría de acuerdo con la última parte del argumento, uno no puede olvidarse que ya han pasado más de 30 años desde ese episodio. Es decir, resulta imposible realizar ahora una investigación seria sobre el origen de la deuda, eso debería haber ocurrido inmediatamente luego de la caída del proceso.
Además uno no puede desestimar el poder y la presión de los mercados para obligar a pagar. Sin ir más lejos, tenemos el caso de los fondos buitres, donde por una cantidad ínfima de la deuda terminaron secuestrando la fragata.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Nueva Maestría en Desarrollo Económico (UNSAM)

Se acaba de aprobar la creación de la Maestría en Desarrollo Económico en la UNSAM, la cual comenzará el año próximo y funcionará en Capital Federal. La duración es de 2 años.

Como podrán ver del sitio web, además de ofrecer en los programas los contenidos "tradicionales" se dará vasto espacio al estudio y discusión de las teorías alternativas heterodoxas en las distintas materias que componen el programa. Asimismo, se contempla un número de becas durante los dos años del programa para los estudiantes.

Les copio acá abajo el sitio web, el folleto, los télefonos y las charlas informativas. 

WEB: http://www.unsam.edu.ar/oferta/carreras/273/economia/desarrollo-economico
MAIL: mde@unsam.edu.ar

FOLLETO: Click acá
Tel: (011) 4328-6607 / 4326-2892 Interno 110
Cel: (011) 156-878-3816 

Charlas informativas:
La Plata: jueves 8 de noviembre, 19hs, Facultad de Ciencias Económicas (UNLP).
Buenos Aires: jueves 15 de noviembre, 19hs, Carlos Pellegrini 125, 2do piso.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Las calificadoras

En estas últimas semanas, diversos hechos hicieron que las agencias de calificación de riesgo (ACR) pasaran a estar en boca de todos. Por un lado estuvo la pesificación de los  bonos chaqueños, que tras haber sido amplificada mediáticamente como default por las ACR, terminó generando un aumento en los costos de financiamiento para todas las provincias.
Sin embargo, tanto en Yendo a Menos como en Analytica se encargaron de explicar que esto no es un default. Por otro lado, Natalio en su último post puso en contexto los números para mostrar lo insignificantes que son.
El segundo hecho vino de la mano de todo el revuelo que están generando los fondos buitres, motivo por el cual las ACR decidieron rever la “B” que tiene en la actualidad la deuda argentina.
Ahora bien, ¿qué papel juegan estas calificadoras? ¿Cuál es la importancia que tienen para la economía de un país? ¿Cómo se insertan en la arquitectura financiera actual?
Como se infiere por su nombre, estas agencias se encargan de calificar la capacidad de pago de distintos tipos de instituciones (empresas, gobiernos, etc.). Estas calificaciones juegan un papel clave en el humor de los mercados, ya que los agentes financieros se basan en ellas para realizar sus inversiones. Resulta fundamental resaltar que, por lo general, las calificaciones preceden al movimiento de los mercados. Es decir, las inversiones se mueven hacia un país porque éste tiene una buena calificaciones; y no viceversa. De este modo, las buenas calificaciones son esenciales para acceder a los mercados financieros, vía ingreso de capitales extranjeros o a través de endeudamiento externo.
Hasta acá parecería tener lógica: Los inversores extranjeros no suelen tener buena información sobre todos los países, por lo que resulta necesario que existan  estas agencias que se dedican a analizar las variables económicas (fundamentals) que explican la capacidad de pago de un país.
Sin embargo la realidad casi nunca se condice con la teoría, y esto se debe a que entran a jugar otras variables como son los intereses económicos, el poder político, etc. que terminan generando resultados distintos, y en muchos casos diametralmente opuestos.
Así, las ACR tuvieron un papel protagónico tanto en la crisis subprime de Estados Unidos como en la crisis de deuda de la eurozona. En la primera fueron las encargadas de dar excelentes calificaciones a los activos tóxicos que generaron la burbuja, mientras que en Europa fomentaron el ingreso de capitales privados en los países periféricos otorgándoles las calificaciones más altas. Al momento del estallido de la crisis en Estados Unidos, España e Irlanda tenían una AAA (la calificación más alta), Italia y Portugal una A+ y Grecia una A. Lo que es todavía peor, en la actualidad la mayoría de estos países siguen teniendo calificaciones iguales o mejores al investment grade (BBB-), la calificación mínima para aprobar y ser considerado un país donde se puede invertir sin problemas.

Pero bueno, uno puede llegar a pensar que como las ACR fueron el principal causante del ingreso de capitales, ahora no quieren condenar a estos países poniéndoles calificaciones que fomentarían aún más la fuga de esos mismos capitales que ellas promovieron.
Y también uno podría pensar que si los que se encuentran en crisis tienen esas calificaciones, a los países que les fue relativamente bien en estos años, como Argentina y el resto de Latinoamérica, deberían tener una mejor nota. Pero como dijimos, la realidad casi nunca se condice con la teoría:
Del cuadro se desprende que:
-  Solamente hay 3 países latinoamericanos aprobados y 2 en el borde.
-  El mejor de Latinoamérica (Chile) tiene la misma calificación que el peor de los europeos antes de la crisis (Grecia).
- Italia e Irlanda tienen en la actualidad mejores calificaciones que todos los países latinoamericanos, salvo Chile.
-  Argentina se encuentra anteúltima en el ranking, solo superada por Ecuador.
Esto permite sacar varias conclusiones. La primera de ellas, y la más importante es que resulta claro que estas agencias para realizar sus calificaciones NO SE FIJAN en las variables económicas relevantes que explican la capacidad de pago de un país (stock de deuda, tasa de crecimiento, compromiso de pago, tasa de inversión, etc.). Por el contrario, se basan en variables puramente subjetivas y arbitrarias que son las que para ellas determinan la famosa “confianza” de los mercados. Como estas variables no son cuantificables, pueden poner las calificaciones que se les antojan y al mismo tiempo no tener que dar explicaciones a posteriori cuando se equivocan.
Asimismo, dado que una buena nota es requisito necesario para acceder a los mercados financieros, estas agencias terminan imponiendo cuáles políticas económicas son correctas y cuáles no. Y en un mundo tan globalizado como el que vivimos hoy en día, esto significa poner en jaque el grado de gobernabilidad que tiene cada Estado: ya no se gobierna para el bienestar de la gente, sino que se gobierna para los mercados financieros. Así, las políticas económicas ya no apuntan a mejorar la calidad de vida de los que menos tienen, a reducir el desempleo o a mejorar la inequidad; nada de eso, las políticas económicas tienen que apuntar a mantener el humor de los mercados para sostener el flujo de capitales.
Esto es lo que se observa hoy en día en Europa y en Estados Unidos, donde mientras que el desempleo y la pobreza aumentan, los gobiernos (sean de izquierda o de derecha, ya no importa) aplican medidas de ajuste que van a contramano de toda lógica económica y que terminan agravando este tipo de situaciones. Todo sea por calmar a los mercados.
En cambio países como la Argentina, que no sigue estas recetas porque ya se sufrieron sus consecuencias, y cuyas políticas económicas tienen como objetivo explícito estas variables (crecimiento y desempleo) son sancionados por las ACR y dejados afuera de los mercados[1].
No importan las tasas elevadas de crecimiento, la reducción del desempleo, el compromiso constante para pagar cada uno de los vencimientos de deuda. No importa nada de eso. El problema que tiene Argentina, es que sus políticas públicas no generan confianza. Es decir, Argentina no aplica las políticas que ellos quieren.
Por eso cuando uno escucha que a la Argentina le quieren bajar la calificación, tiene que tener en cuenta que en muchos casos eso no refleja su situación financiera, sino que depende de cuestiones que van más allá de lo económico, donde entran en juego variables de mucho más peso como son los intereses políticos y la ideología de los mercados.




[1] Una opinión personal: Argentina no toma deuda porque endeudarse es malo sino porque las tasas de financiamiento que tiene que aceptar son altísimas. Como dijo alguna vez Lorenzino: el endeudamiento no es malo en sí mismo, depende de los montos, la tasa y los plazos.

sábado, 27 de octubre de 2012

Flaco querido


Quisiera que me recuerden sin llorar 
ni lamentarme. 
Quisiera que me recuerden 
por haber hecho caminos, 
por haber marcado un rumbo, 
porque emocioné su alma 
porque se sintieron queridos, protegidos 
y ayudados. 
Porque interpreté sus ansias, 
porque canalicé su amor 
Quisiera que me recuerden 
junto a la risa de los felices, 
la seguridad de los justos, 
el sufrimiento de los humildes. 
Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores, 
con comprensión por mis debilidades, 
con cariño por mis virtudes. 
Si no es así, prefiero el olvido, 
que será el más duro castigo 
por no cumplir mi deber de hombre.


Enrique Areta (detenido desaparecido)




martes, 18 de septiembre de 2012

Los fundamentos detrás del ajuste

Como se sabe, el objetivo principal de la economía es explicar y pronosticar los hechos que suceden en la realidad. Para esto cuenta con un cuerpo teórico, que a diferencia de las ciencias duras, no es a prueba de error. De aquí se desprende entonces que si un hecho se repite una y otra vez mostrando los mismos resultados, la teoría debería ajustarse a los mismos.
Sin embargo, existen muchos ejemplos donde la ortodoxia económica hace agua. Todavía más, a veces no solo no se ajustan a los hechos sino que su teoría predice todo lo contrario (lo que alguien definiría como locura).
Un ejemplo, sino el más claro de todos, es el del ajuste. Si a un argentino se le pregunta cuáles son sus consecuencias, su respuesta será inequívoca: caída del nivel de actividad, aumento del desempleo, de la pobreza, etc. Probablemente en poco tiempo los europeos dirán lo mismo.
Sin embargo, la teoría hegemónica no solo afirma que en el corto plazo se reactivará la economía sino que incorpora la posibilidad de que un ajuste genere un incremento inmediato en la actividad. Acorde con esto, el eufemismo utilizado es consolidación fiscal o austeridad expansiva, según corresponda.
¿Cómo logra arribar a estas conclusiones? Para responder la pregunta, hay que observar los fundamentos teóricos que se encuentran detrás. Y para esto, voy a pedirle prestado a Robert Boyer un cuadro muy claro que utiliza en su último trabajo (click para agrandar):

Como se puede observar, un ajuste afecta el nivel de actividad a través de 4 mecanismos:
  • Una reducción automática de la demanda efectiva que se da por la caída en el gasto público. Este mecanismo tiene un efecto negativo inmediato y otro más duradero debido al cambio en las expectativas. 
  • Una reducción de la tasa de interés causado por la caída en el gasto, lo que incentiva la inversión privada. Esto es lo que se conoce como crowding out, donde se supone que un mayor gasto público desplaza y desincentiva la inversión privada; ergo, a menor gasto público, mayor inversión privada. Este fundamento tiene escasa evidencia empírica que lo avale y muchas críticas. Aquí solo se mencionarán dos: 1) se está suponiendo que toda inversión pública es menos productiva que la privada y 2) que va a aumentar la inversión privada en un contexto de recesión con ajuste. 
  • Unas expectativas de menos impuestos en el futuro, por lo que aumenta el consumo hoy. Esto es lo que se conoce como equivalencia ricardiana, donde básicamente las personas cuentan con la información necesaria y saben que un mayor/menor déficit público hoy, significará un incremento/caída en los impuestos en el futuro, por lo que cae/aumenta el consumo hoy. Este concepto tiene todavía menos evidencia empírica que lo avale y unos supuestos que están muy lejos de acercarse a la realidad (los pueden ver en el link, en la parte del modelo de Barro). 
  • Una mejora en la balanza comercial. El ajuste genera un aumento de las exportaciones (a través de una reducción en los costos salariales) y una caída en las importaciones (a través de la caída del consumo). Este efecto positivo es el que tiene mayor sustento empírico aunque solo suele ser muy efectivo para países pequeños y abiertos. En los países más grandes donde el consumo es el componente principal de la demanda, la caída en la misma supera ampliamente la mejora en la balanza. 
Como se ve entonces, según la ortodoxia el resultado final de un ajuste va a estar dado por la combinación de los efectos de estos 4 mecanismos.
Que cada uno saque sus propias conclusiones.

viernes, 20 de julio de 2012

España, al horno

La prima de riesgo de la deuda española (el diferencial entre el bono español y el alemán a 10 años en el mercado secundario) ha batido esta mañana todos los máximos de la era euro al superar los 600 puntos básicos (ha llegado a 606 durante rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros y el anuncio de que Valencia ha pedido el rescate). El bono español se ha consolidado por encima del 7% de interés (7,257%). La crisis de deuda en España se acentúa así, a pesar de los recortes aprobados por el Gobierno de Mariano Rajoy (y convalidados ayer por el Congreso) y el acuerdo definitivo en el Eurogrupo sobre el rescate a la banca.
Cómo se llegó a esto? Todavía debo una entrada sobre las causas de la crisis de deuda española, pero a modo de resumen sería así: al adoptar el euro, los países renunciaron al manejo de la política monetaria y cambiaria, principales herramientas para corregir las diferencias de productividades en los países. Así, tanto las tasas de interés como el tipo de cambio convergieron a niveles muy bajos para los países periféricos (PP). Esto se tradujo en un déficit de cuenta corriente para los PP, que era financiado vía ingreso de capitales (aka deuda). Otro círculo vicioso que en algún momento tenía que explotar.
Además, un lindo gráfico que muestra la evolución de la prima de riesgo española (click para agrandar):


sábado, 14 de julio de 2012

Argentina vs Brasil, el clásico histórico

Cuando la Argentina batía los récords históricos de crecimiento, muchos economistas lo atribuyeron al viento de cola generado por los altos precios de la soja (algo que fue tratado acá). Es decir a un factor exógeno, por lo que nada tuvieron que ver las decisiones de política económicas llevadas a cabo.
En cambio, ahora que el nivel de actividad se desacelera estos mismos economistas establecen que el problema es el manejo de la economía local. Factores exógenos como la recesión global, la sequía o la desaceleración de nuestro principal socio comercial ya no entran en sus argumentos.
El quid de la cuestión radica en que no comparten la política económica llevada a cabo en estos últimos años. El que sí hizo las cosas bien fue Brasil, el país de moda elegido por los economistas en la actualidad (como también lo supimos ser nosotros, Irlanda o España en su momento).
Como ejemplo, tenemos la última entrada de Luciano en ESC (que aclaro por las dudas, no tiene ninguna relación con lo dicho al principio), en la que muestra lo bien que manejó Brasil su economía, a través de un buen dominio de la política anticíclica (y al final del análisis deja entrever el contraste con el desmanejo de la economía argentina).
La única piedra en el zapato la encuentra en la industria, componente clave de cualquier economía, que ya lleva dos años estancada. Para explicar esto, Luciano apela a 4 shocks externos (sin mencionar que la razón podría estar justamente en la mismísima política económica adoptada por Brasil).
Ahora bien, ¿cuál fue el desempeño de la actividad industrial local, donde se llevó a cabo un manejo de la economía tan distinto al brasileño?

Como se observa, el desempeño argentino fue notablemente superior que el de nuestro gran hermano. En los últimos 7 años la actividad local creció un 38% frente al 10% de Brasil.
De la misma forma, también se puede afirmar que mientras que en los últimos meses la Argentina hizo "todo mal" (control a las importaciones y al dólar) y Brasil "todo bien" (reducción de la tasa de interés y depreciación del tipo de cambio), el resultado fue prácticamente el mismo.

domingo, 24 de junio de 2012

Entradas de la semana

La BEA
- Trilogía de Lucas Llach sobre la crisis de deuda soberana europea (acá, acá y acá).
- En la Argentina de hoy somos todos tributaristas, Yendo a menos.
- ¿De qué hablamos cuando hablamos de dolarización en Argentina?, Eduardo Levy-Yeyati, Foco Económico.
- Geografía vs Instituciones, Martín Gonzalez Eiras, Economía Posible.
- El Estado en nuestro capitalismo, Hernan P. Herrera, Hache.

La BEI
- Inequality, the crash and the crisis (Parte 1, Parte 2, Parte 3), Stewart Lansley, OECD.
- Review of the FOMC monetary policy statement, Miles Kimball.
- Where to next?, Tim Duy.
- A global perfect storm, Nouriel Roubini, Project Syndicate.
- Labor's paradise lost, Robert Skidelsky, Project Syndicate.

jueves, 21 de junio de 2012

Sobre el impuesto a las Ganancias

Para entender que la raíz de este conflicto no es otra cosa que la disputa de poder político:


¿Quién..?

 Por Victor Zavalia
En los últimos días hemos visto la reacción de los propietarios rurales de la provincia de Buenos Aires, frente al tímido intento de adecentar en alguna medida la suma ridículamente baja que actualmente pagan sus tierras como impuesto Inmobiliario.
En ese clamor no están solos. Hace tiempo que los ricos, en muchas partes del mundo, han logrado crear una cultura antiimpuestos muy extendida, que se tradujo en una notable rebaja para los sectores más acomodados desde los tiempos de Reagan y Thatcher, paralela a una extraordinaria concentración de la riqueza. El discurso que se emite sin descanso es simple pero eficaz: los impuestos sólo sirven para enriquecer a los políticos o, en versión local, “hacer caja”. Así, sin reparar en la contradicción, se pide más justicia, más salud, más educación, más seguridad, más obra pública y ¡menos impuestos!
Los economistas reconocen dos tipos de impuestos: los indirectos, como el IVA que se aplica a todas las operaciones de compraventa sin tener en cuenta a las personas que las realizan, y los impuestos directos, como el impuesto a las Ganancias, que recaen en forma directa sobre cada contribuyente, de modo que permiten considerar su capacidad económica y hacer que cuanto más alto sea el ingreso, mayor sea la proporción de ese ingreso que se deba entregar como impuesto al Estado para que éste pueda cumplir sus fines. A esto se llama progresividad en la imposición, y es una herramienta fundamental para lograr una sociedad más equitativa e integrada. Razonablemente, los ricos se oponen a los impuestos directos, que los afectan especialmente. Y también se oponen a los impuestos en general, porque prefieren un Estado mínimo, dedicado exclusivamente a brindar el ambiente necesario para los negocios. Prefieren que cada uno se las arregle como pueda, pagando en el mercado para obtener educación, salud, seguridad social y tantas otras cosas que esperamos del Estado.
Anteriormente el impuesto a las Ganancias se llamaba a los réditos y durante el gobierno de Perón, en 1952, fue presentado así:
“El nuevo régimen impositivo, basado en el principio de la desgravación de las pequeñas rentas y el aumento de los gravámenes a las clases más pudientes, cumple una alta función social, cual es la de contribuir a una más equitativa distribución de la riqueza”.
En estos momentos, algunos líderes sindicales consideran injusto aplicar este impuesto a los “trabajadores”, por alto que sea su salario, y han tomado como bandera de lucha gremial y política el reclamar su eliminación. En ese reclamo están acompañados por varios intelectuales y dirigentes políticos, en una actitud muy nociva, por lo que se intentará hacer algunas aclaraciones.
Un argumento falso –pero muy efectivo– es forzar el significado de las palabras y sostener que “el salario no es ganancia”. El término “ganancia” puede parecer poco apropiado, aunque todo el mundo, para conocer el sueldo de un compañero, le pregunta “¿cuánto ganás?”. El diccionario de la Real Academia Española informa:
–ganancia: 1. f. Acción y efecto de ganar.
–ganar: 2. tr. Obtener un jornal o sueldo en un empleo o trabajo.
En otros países, como en México, el mismo impuesto se denomina “sobre la renta” y en España “IRPF-Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas”. ¿Queda mejor referirse al salario como “renta” en lugar de “ganancia”? También se lo suele designar “impuesto a los ingresos”, pero aquí traería confusión con el denominado “ingresos brutos”. Como vemos, no es fácil encontrar un nombre más adecuado. Pero lo que importa no es el nombre sino el concepto, estamos discutiendo sobre política y economía, no sobre filología. De paso, conviene aclarar que este tipo de impuesto se aplica a los asalariados en casi todos los países.
Sostener que el impuesto no debe ser pagado por los trabajadores parece a primera vista muy simpático y hasta razonable. Pero en cuanto uno comienza a profundizar, el tema se complica. Está claro que un camionero que gana 10.000 pesos mensuales es un trabajador. Pero un pintor, un plomero o un electricista que trabaja por su cuenta y paga impuestos, ¿no es un “trabajador”? Y el gerente de una gran empresa con sueldo de 50.000 mensuales ¿es un “trabajador” y, por lo tanto, debe ser eximido del impuesto?
Actualmente, un asalariado con cónyuge y dos hijos comienza a pagar ganancias si cobra más de 8000 pesos mensuales. Es obvio que no se trata de una persona rica, sin embargo sólo el 10 por ciento de los individuos alcanza o supera ese nivel de ingresos. O sea que por cada trabajador en esa condición hay nueve que ganan menos o mucho menos que él. ¿No es justo que una pequeña proporción del salario que supera ese monto contribuya a sostener el Estado, Estado sin el cual es imposible construir la Patria que a tantos les gusta exaltar en los discursos? Parece entonces que lo sensato no es pedir la eliminación del impuesto, sino adecuar la escala, para que quien gana 8000 pesos pague una proporción mucho menor que quien gana 80.000.
El de los impuestos es un gigantesco equívoco que va a costar mucho trabajo desmontar. La prensa de derecha se indigna porque “el Estado les mete la mano en el bolsillo a los ciudadanos” y llama “impuestazo” a la modesta corrección que se realizó al impuesto Inmobiliario Rural en la provincia de Buenos Aires, obscenamente bajo.
En ese sentido, el discurso de los ricos ha tenido un éxito enorme: ha conseguido que evadir los impuestos no tenga sanción social, no se considere un delito que perjudica a los honestos y a los más débiles, sino una simpática picardía. Cuando alguien reclama la factura en la caja de un comercio, el que pasa vergüenza ante el resto de la fila es el reclamante y no el evasor.
Por otra parte, se trata de un problema difícil de entender por el ciudadano común, de modo que la reacción más natural es oponerse. Así, Moyano y otros dirigentes sindicales prefieren defender el interés más inmediato de sus agremiados mejor pagados, en lugar de comprometerlos también en la brega por una sociedad más equitativa. Peor aún es la actitud de algunos intelectuales supuestamente progresistas, que irreflexiva e irresponsablemente adhieren a esta posición retrógrada.
Es imprescindible una reforma tributaria que contemple también lo atinente a la minería, las ganancias por acciones o colocaciones financieras, las herencias, los patrimonios y otros problemas que hoy se soslayan. Pero aunque entre los especialistas hay amplio consenso sobre su necesidad, hacerlo no va a ser fácil. Tampoco lo es en el mundo desarrollado, como vemos actualmente en los Estados Unidos. Entre nosotros hay que imponerse a los poderes fácticos, a la gran prensa, a una deformación cultural muy difundida y acendrada, y finalmente al intríngulis de la Coparticipación Federal. Por eso los partidos políticos son renuentes a tratar la cuestión abiertamente: corren el riesgo de hacerse de enemigos poderosos y de perder una parte de sus seguidores.
No será posible la reforma sin una fuerte demanda social que la impulse. Para lograrla, primero es necesario dar vuelta el sentido común establecido. Por eso es tan importante la participación de los llamados intelectuales, uno de cuyos roles en política es tratar de comprender los asuntos complejos y luego hacer partícipe de esa comprensión a la mayor cantidad de gente posible. Se trata de abrir brechas, cuestionar el discurso prevaleciente denunciando sus inconsistencias, y atraer a los sectores progresistas de los sindicatos y la sociedad civil
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