jueves, 29 de noviembre de 2012

2020

Fue en el año 2020 que la mayoría de la gente comenzó a “entender” realmente lo que es el dinero. En ese momento, muchos se preguntaron cómo no se habían dado cuenta antes.
La mayoría coincide en que el cambio comenzó con el colapso final de la zona euro en el 2018, un evento que se veía venir desde hace tiempo. La sorpresa fue que la ruptura con la Unión Europea  arrancó en Italia, y no en Grecia como todos esperaban. Resultó ser la sangre caliente italiana la que primero se hartó de un ajuste tras otro, situación que obviamente en algún momento se iba a tornar insostenible. Ante estas circunstancias, el 12 de septiembre de 2018 el presidente (del Partido Republicano Italiano) renunció a su cargo, y en su lugar asumió el Partido Democrático. Al día siguiente se anunció la ruptura con el euro y la restauración de la lira (el peso italiano), aumentos de salarios y de jubilaciones, al mismo tiempo que se volvía a fijar la edad de retiro en los 65 años.
Los pronósticos de una hiper-inflación que realizaron los economistas ortodoxos ante estas medidas, nunca ocurrieron. Por el contrario, la gente volvió a trabajar recogiendo los escombros que se habían acumulado durante meses, reconstruyendo los edificios quemados y reparando calles y edificios que no habían sido mantenidos en los últimos años.
Lo que desconcertó a todos, fue la decisión del ministro de economía sobre cómo realizar la transición del euro hacia la lira. ¿Para qué tomarse la molestia y el gasto de volver a imprimir liras? Hacía un tiempo ya que los teléfonos celulares tenían la capacidad de realizar transacciones financieras de manera electrónica. Entonces, lo que hizo el ministro fue eliminar todo el dinero material y lo reemplazó con dinero digital. Para esto se le dio a cada ciudadano la Tarjeta Lira Digital (TLD) que podía ser cargada con liras en cualquier cajero, y luego cuando uno hacía una compra éstas eran debitadas a través de un programa en los teléfonos celulares.
Al poco tiempo, los nuevos trabajadores contratados por el gobierno para reconstruir el país estaban cobrando sus sueldos en los cajeros con sus TLDs y luego comprando vino, pan, pizza, aceite de oliva y muchos otros productos más en los supermercados y negocios. Los restaurantes volvieron a abrir sus puertas, e incluso el Teatro dell’Opera (que había cancelado la temporada 2017 por la falta de venta de entradas) volvió a brindar grandes espectáculos. ¡Y todo esto se hacía solamente con una tarjeta!
Lo mejor de todo fue que en pocos meses el país se recuperó y la crisis ya era cuestión del pasado. Después de todo, Italia no estaba en bancarrota como decían; simplemente se había quedado sin euros.
Lo que realmente llamó la atención de todos fueron las TLDs. Había algo acerca de cómo utilizar el dinero electrónico que comenzó a cambiar la forma de concebir al dinero mismo. No era porque fuera algo novedoso (hacía décadas que la mayoría de las transacciones financieras se realizaban de esta forma), sino más bien el hecho de que ya no existiera ni un solo billete, que el dinero en efectivo hubiera desaparecido completamente de la faz de la tierra.
La lira ahora solo existía de manera digital, eran números en una pantalla. Ya no se podían tener billetes, ni contarlos para saber cuánta plata tenía uno, o guardarlos en una caja de seguridad. Tampoco se podían caer del bolsillo o ser robados. De a poco comenzó a desaparecer esa idea de que el dinero era un objeto material, y por lo tanto su asociación con una cantidad finita.
Aún más raro era que ahora todo el mundo comprendía de donde salían las liras digitales. Éstas eran creadas por el gobierno, con solo apretar un par de teclas en las computadoras del Banco Central. No había ningún costo en producirlas, ni nada por el estilo. Y no se agotaban.
Los bancos continuaron haciendo préstamos como antes, pero otra sorpresa apareció acá también: el programa utilizado en los teléfonos celulares para manejar las cuentas bancarias mostraba claramente que cuando se otorgaba un préstamo, el banco NO estaba incrementando la base monetaria (creencia que se sostuvo por cientos de años). Cuando un panadero pedía prestadas 100 liras para comprar harina, en el haber de su programa mágicamente aparecían 100 liras, pero al mismo tiempo en el debe se mostraban -100 por la deuda contraída con el banco. Así, el neto se mantenía sin cambios. Es decir, ¡el banco no había creado ninguna lira en absoluto! Esto reforzó la idea de que las únicas liras creadas eran las que el gobierno decidía a través de las computadoras en el Banco Central. No había otra forma.
Y mientras esta idea cobraba cada vez más fuerza, la gente también se percató de que la única forma que tenía el gobierno de introducir nuevas liras digitales en la economía era comprando bienes.
Y entonces el gobierno empezó a hacer eso. Para el asombro de todos, durante el 2019 el gobierno realizó licitaciones con empresas privadas por más de 60 billones de liras para reconstruir y reparar la infraestructura del país. Además se incrementó notablemente el gasto en educación pública: se crearon nuevas escuelas y universidades, se aumentaron los sueldos y la capacitación a los docentes y así la educación pasó a ser prioridad nacional.  Esto se tradujo en una rápida caída de la desocupación ya que eran muchas las obras que había que hacer: la tasa de desempleo,  que se ubicaba en torno al 40%, cayó a menos del 10% en 2020.
La caída del desempleo hizo que las discusiones de política económica pasaran a centrarse en la estructura impositiva. Lo más interesante fue que la introducción de la lira digital hizo que se dieran cuenta de que el fin principal de los impuestos no era recaudar dinero para financiar los gastos del gobierno. Había quedado perfectamente claro que el gobierno podía gastar todo lo que quisiera simplemente creando más dinero con las computadoras del Banco Central; para eso no era necesario primero tener que recaudar a través de los impuestos. Por el contrario, la razón principal por la que son precisos los impuestos es para retirar dinero de la economía, y así evitar presiones inflacionarias en el mercado. Si bien todavía no habían aparecido señales de aumentos en los precios, parecía inevitable que esto sucediera en el corto-mediano plazo dado que la economía avanzaba velozmente hacia el pleno empleo.
Así, el gobierno se dio cuenta del efecto que tenía la aplicación de impuestos: retirar liras de la economía que previamente el mismo gobierno había creado, y así controlar la cantidad total de dinero para que no se desataran presiones alcistas sobre los precios.
El siguiente punto de discusión fue acerca de la otra función que tiene la aplicación de impuestos y el gasto público: la redistribución de la riqueza y los ingresos. De este modo, se sostuvo la idea de que se debía seguir utilizando este recurso como herramienta de redistribución (a través del seguro de desempleo, impuesto a las ganancias, gasto social, etc.) pero se dieron cuenta de que como ya no era un objetivo el tener que recaudar para poder gastar, se eliminaron los impuestos que afectaban a toda la población de forma regresiva, como el IVA por ejemplo.
Hubo, sin embargo, un grupo de personas en particular que no estaba contenta con todo esto: los corruptos. Como ahora todo el dinero era digital, al poco tiempo se creó un programa que podía rastrear cada lira que había creado el gobierno y ubicarla en todo momento, sabiendo quién la tenía. De este modo, resultaba extremadamente difícil lavar dinero, no declarar los ingresos o quedarse con una tajada de una licitación pública, por ejemplo. Rápidamente estas actividades delictivas se redujeron de forma drástica.
El resto del mundo estaba observando lo que sucedía en Italia, y con mucho interés por supuesto. Los economistas ortodoxos estaban teniendo serios problemas para explicar la “Primavera Italiana”: no podían entender cómo es que el supuesto déficit fiscal que se estaba acumulando en las finanzas públicas de este país en realidad no era una deuda que tenía que ser pagada en el futuro.
Sin embargo su confusión comenzó a disiparse cuando el sector financiero (esos mercenarios que hicieron que la Unión Europea se rindiera a sus pies durante todos esos años que duró la crisis de deuda, haciendo subir las tasas de financiamiento de los países deudores y al mismo tiempo negándose a la más mínima quita de intereses), viendo el impresionante crecimiento que había logrado Italia en tan poco tiempo, quiso volver a comprar bonos públicos de este país. Entonces el ministro de economía dijo: “¿Bonos? No tenemos más bonos para vender. ¿Para que querríamos vender bonos? Ya no necesitamos financiarnos a través de préstamos” A lo que los mercenarios respondieron: “¡Pero nosotros queremos comprarles bonos! Necesitamos un lugar donde colocar las cantidades monstruosas de dinero que tenemos y que nos den intereses. ¡Necesitamos que ustedes emitan bonos así nosotros se los compramos!”. Y el ministro replicó: “Si ustedes quieren invertir su dinero en Italia, pueden poner una fábrica, traer una nueva tecnología que convierta la luz solar en energía eléctrica o financiar un nuevo teatro…pero no vengan con la idea de comprar bonos. Ya no estamos más en el negocio de guardarles la plata con la que no saben qué hacer y encima pagarles un interés por ello”.
Corría el año 2020, y el mundo entero recién entonces comenzaba a entender cómo funcionaba el dinero.

Readaptado de acá.

5 comentarios:

  1. Un texto excelente.
    ¿De quíen es la traducción?

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    1. La traducción es mía, aunque en realidad es una readaptación porque había algunos conceptos en el original que no compartía con el autor. Por ejemplo, para él la aplicación de impuestos deja de tener una función redistributiva.
      Saludos.

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  2. Juan Manuel:

    Llego muy tarde a tu blog y tengo demasiado sueño para hacer justicia a tu posteo. Pero quiero decir que es muy estimulante. Ese texto, traducido y corregido en parte por vos, ayuda a comprender el rol del dinero, y de la creación de dinero, en la sociedad moderna. Y, de paso, el absurdo de las políticas de ajuste recesivo.

    PERO, ojo, también tiene su lado muy engañoso: No separa claramente la creación de dinero, que puede hacer un gobierno o el sistema financiero, de la producción de bienes. Da la impresión, sin decirlo expresamente, que para producir bienes basta con proporcionarle dinero a los emprendedores. Lamentablemente, en el mundo real no es así.

    El otro error importante es ignorar en el razonamiento la necesidad de importar productos, o instrumentos de producción. Para eso, un país necesita entregar bienes, o su equivalente. No le sirve el dinero que emite.
    Esto es válido, en el largo plazo, aún para el país que emite el dinero que es aceptado como divisa. ¿O por qué EE,UU. ha sufrido un proceso de desindustrialización? ¿O por qué Inglaterra se convirtió, básicamente, en un proveedor de servicios financieros?

    Un abrazo

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  3. Sí, para mí la principal falta es esa, que no habla de las divisas, pero es muy bueno el texto!

    Lo que sí, como es eso de que los bancos no aumentan la masa monetaria? tenía entendido que era así! Si una persona pone 100 pesos en el banco, y ese banco usa 80 de esos 100 para prestar a otro, no aparecieron 80 pesos nuevos? El primero puede retirar los 100 cuando quiere, y el segundo cuenta con 80 pesos que no fueron "emitidos" por el estado. No es así?

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  4. Abel y anónimo: es verdad lo que dicen, el texto deja temas sin abordar. Sin embargo estoy seguro que el autor está plenamente consciente de esto, pasa que al ser un texto más del tipo panfleto, optó por centrarse en lo fundamental. Respecto a lo que destacan:
    - A mi entender, el objetivo que tiene el texto es demostrar que el dinero es solamente un medio, y no un fin en sí mismo. De esta forma se desmitifican las barbaridades que se dicen sobre aplicar una política fiscal/monetaria expansiva. Sin ir más lejos, la recesión global actual se debe enteramente a los ajustes que se están dando en Europa y Estados Unidos, epicentros de la crisis financiera.
    Por otro lado, está claro que proporcionar dinero no alcanza para producir bienes (lo que sería una política monetaria expansiva, con tasas de interés cercanas a cero como en la actualidad) pero es acá donde entra a jugar la política fiscal. Porque lo que está faltando es un mercado demandante, y hasta que eso no aparezca los emprendedores no van a invertir. Cuando el sector privado no reacciona, es allí cuando más efectiva se torna la política fiscal expansiva liderada por el Estado, cosa que hasta ahora no apareció (salvo en EEUU, ni bien estalló la crisis pero después fue menguando).
    - Respecto al otro punto, éste se encuentra estrechamente relacionado con lo anterior. El dinero es algo intangible, sin valor propio, que se utiliza como medio para facilitar el intercambio. Y desde ya no sirve para producir bienes. PERO al entender cómo es que este instrumento funciona en una economía capitalista, uno se da cuenta de que sin dinero resulta muy difícil producir.
    Entonces, lo que se debe tener muy claro es que la cantidad de dinero debe ser la adecuada para que la economía pueda funcionar. El dinero no puede financiar importaciones, pero la falta de éste sí puede provocar que se importe menos.
    - Por último, a lo que hacés referencia (anónimo) es al multiplicador bancario. Si bien los bancos aumentan la masa monetaria a través de este mecanismo, lo que no hacen es aumentar la base monetaria. Por eso el autor hace explícito esto en el párrafo que dice “el programa utilizado en los teléfonos celulares para manejar las cuentas bancarias mostraba claramente que cuando se otorgaba un préstamos, el banco NO estaba incrementando la base monetaria…”.
    Saludos.

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