viernes, 8 de agosto de 2014

Los mismos de siempre

El viernes pasado salió publicada en La Nación una nota hecha por Juan José Llach titulada "La pesada herencia económica de los K".
No pude resistirme, van un par de comentarios al respecto:
Pasó el 30 de julio, y hay preguntas sobre el futuro de nuestra economía que siguen repiqueteando aquí y en el exterior. Se abren interrogantes sobre las consecuencias locales de la cesación de pagos de la Argentina, si puede darse una crisis como la de 2001-02 y, con mirada de más largo plazo, si la pesadísima herencia del kirchnerismo impedirá una recuperación duradera a partir de la transición en 2015.
Estimo que hay consecuencias negativas relevantes de la cesación de pagos, que su intensidad dependerá muchísimo de su duración, que si no se cometen errores adicionales no serán tan graves como a principios de siglo y que, con buenas políticas, la pesada herencia que se recibirá en 2015 no impedirá un desarrollo sostenible.
Dos párrafos. Tres menciones (incluida la del título) a la “pesada herencia” del kirchnerismo. Arrancamos.
Al postergar tantísimo tiempo la negociación con los holdouts, el Gobierno optó por el camino de alto riesgo de incurrir en otros impagos, por ahora no voluntarios. Esta afirmación no implica ignorar una grave falencia de la globalización financiera -que no es la única-: carecer de un régimen general de reestructuración de deudas análogo al de las convocatorias privadas de acreedores.
Los riesgos de este camino surgen ante todo porque se hará muy difícil o imposible el crédito al Gobierno y, dado un déficit fiscal nacional cercano al 3% del PBI, se aplicarán ajustes aunque se nieguen y se acelerará aún más la emisión monetaria, cebando así la demanda de dólares y debilitando las reservas de un Banco Central al que, hasta nuevo aviso, deberá recurrirse en exclusiva para los pagos externos. También caerá el financiamiento comercial del exterior.
Llach parece tener la posta de lo que se vendrá. Ahora, me pregunto yo, ¿cuántas veces escuchamos a estos economistas desde el 2003 decir que se viene el ajuste? Esto, más que un pronóstico, es un anhelo. Porque para estos economistas el déficit fiscal es una mala palabra, aunque no sepan bien por qué (próximamente se viene una entrada al respecto). Es más, Llach acá lo demuestra, diciendo que se vendrá un ajuste y que se acelerará la emisión monetaria (cosa que no se entiende, porque justamente la reducción del déficit provocaría lo contrario).
En dos palabras, si la solución no es muy rápida, habrá más recesión y más inflación. Ésta se ha estabilizado cerca del 2% mensual por estacionalidad y porque se continúa retrasando el tipo de cambio, lo que sólo podrá sostenerse atemperando la creciente escasez de dólares comerciales con más dólares financieros, algo muy problemático sin acordar con los holdouts. La mejora de imagen del Gobierno por su estilo épico se diluirá rápido si la cuestión se estira y se acentúan los deterioros de la economía, el empleo y la pobreza, y probablemente también si el salvataje viene de la “patria financiera”. Se hará asimismo más evidente que un comportamiento similar con el Club de París le costó al país 4700 millones de dólares, tres veces más que el reclamo de los holdoutsque recayó en el juzgado de Griesa.
Todo esto se hace más pesado porque el bendito viento de cola que nos impulsa desde hace más de una década es hoy, con suerte, una suave brisa. El crecimiento de América latina se desacelera mucho, no sólo en Brasil, sino también en estrellas regionales como Chile y Perú, y los pronósticos de mejores cosechas globales de granos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) castigaron fuerte sus precios. Por ahora son sólo proyecciones, pero el escenario no pinta favorable para los granos en 2014 y 2015.
Otra falacia de estos economistas: “Argentina creció solo por el viento de cola”. Apelan a esta frase para no reconocer que fueron las políticas económicas las que hicieron crecer al país. Políticas económicas que, obviamente, ellos no comparten porque van en contra de todo lo que creen y abogan. Para refutar esta falacia solo alcanza con comparar el crecimiento promedio de los países de la región en relación a la mejora de los términos de intercambio: para 2003-2012 (pongo estos datos porque son los que tengo a mano, pero el argumento se mantiene con los datos de 2013), Argentina fue el país que más creció (7,0% anual promedio) pese a haber tenido un incremento bajo de los términos de intercambio (21,6% acumulado, el cuarto más bajo de la región). Es tan evidente esto que termina dejando en evidencia la poca honestidad intelectual de Llach a la hora de escribir.
No es baja la probabilidad de un nuevo accidente macroeconómico, pero serían necesarias torpezas del Gobierno aún mayores para asimilar su costo social a los del 2001-02, el Rodrigazo de 1975 o la hiperinflación de 1989-90. Pesa menos hoy la deuda pública por representar tan sólo un 15% del PBI aquella que está en manos de acreedores privados, incluyendo a los holdouts; cierto, si el litigio con ellos no se arregla pronto, se disparan mecanismos que pueden llevar a una nueva reestructuración compulsiva de alto costo social.
Otro lugar común de estos economistas: apelar a los fantasmas pasados, de los peores que tenemos, para causar pánico, a pesar de que las condiciones actuales no se asemejan en nada a la de aquellos episodios.
En segundo lugar, los precios de nuestras exportaciones primarias son mayores que los históricos y tienen perspectivas de perdurar más allá de ciclos negativos como el actual. El peso está menos apreciado que a principios de siglo, y contra una canasta de monedas tiene un valor razonable. En dólares constantes, los precios de los activos productivos -acciones, inmuebles urbanos, tierra rural- son dos veces y media mayores que en 2001. Esto último se debe, en buena medida, a sólidos pronósticos de que los candidatos presidenciales con chances en 2015 desarrollarán políticas superadoras de los tan serios como elementales desatinos de los últimos años. Delicias de la democracia, resulta así que su previsible derrota electoral en 2015 es lo que más ayudará al Gobierno a evitar un final dramático.
¿Los precios de los activos productivos se explican por los sólidos pronósticos de que qué?????!!!!! Esto directamente ya es bizarro. Hay tanto para decir que no sé por dónde arrancar. O sea, espero estar equivocándome, porque entiendo que lo que está diciendo es que los precios, por ejemplo de los inmuebles, dependen de los prónosticos (PRO-NÓS-TI-COS) de las elecciones electorales de 2015. Si esto es así, estamos en presencia de una nueva teoría revolucionaria para explicar los precios de los activos.
¿Cómo se compatibilizan estas ventajas relativas con la correcta percepción de que la herencia del kirchnerismo es muy mala? El PBI por habitante de la Argentina creció apenas 1,9% en los últimos quince años, menos que los de Perú (4,1), Chile (2,9), Uruguay, (2,5), Colombia (2,3) y Brasil (2,1).
Otra muestra más de deshonestidad intelectual: habla de “herencia kirchnerista”, pero utiliza el crecimiento del PBI de los últimos quince años metiendo adentro, entre otras cosas, la crisis de 2001. Está claro que no utiliza los números del período kirchnerista (2003-2013) porque si no, este flojo desempeño en términos de crecimiento que trata de achacarle al kirchnerismo no existiría.
Tenemos hoy la segunda mayor inflación entre 191 países, detrás de Venezuela, y un alto riesgo soberano que encarece el crédito y merma la inversión. Hay crecientes falencias en la productividad y en la competitividad, con pobre desempeño de las cantidades exportadas. La inversión de los últimos diez años promedió un pobrísimo 18% del PBI, y en la inversión extranjera estamos en el noveno lugar per cápita en la región, detrás de Brasil, México, Chile, Colombia, Costa Rica, Panamá, Perú y Uruguay. La herencia fiscal será más gravosa aun por la pobre productividad del sector público que por los niveles de presión tributaria y gasto público, 36,4% y 40,5% del PBI, muy cercanos a los de los países desarrollados. Es mala la composición del gasto, hay enormes e insostenibles subsidios a sectores pudientes y claros excesos de empleo público, se destruyó la carrera del funcionario público reemplazándola por un burdo amiguismo y es baja la eficacia de la inversión en sectores clave como la educación, la justicia o la seguridad. En pareja línea, los impuestos que cada año castigan la producción y las exportaciones marcan un récord mundial de 7,7% del PBI, unos 45.000 millones de dólares. Cierto, aun con errores, ha habido logros en salud, en políticas sociales como la asignación por hijo y la alta cobertura de jubilaciones y pensiones y en ciencia y tecnología. Pero, a su pesar, no se redujeron sosteniblemente ni la exclusión ni la pobreza estructural, y la mejora de la distribución del ingreso fue muy pequeña.
¿Enormes e insostenibles subsidios a sectores pudientes? ¿Excesos de empleo público? ¿Destrucción de la carrera del empleado público? ¿Baja eficacia de la inversión en sectores clave como la educación, la justicia y la seguridad? ¿No se redujo ni la exclusión ni la pobreza? Estaría bueno que todas estas afirmaciones viniesen acompañadas de por lo menos algún dato que sustente lo dicho; si no, son solo más prejuicios del autor.
Lo dicho muestra que la malhadada herencia y las buenas perspectivas coexistirán. La Argentina enfrentará así en 2015 una combinación inédita de oportunidades y desafíos probablemente a cargo de un gobierno elegido en segunda vuelta, sin mayoría legislativa y obligado en consecuencia a acordar. Ése será, y no el de la economía, el próximo gran reto para nuestro sistema político; su más dura prueba será conseguir los acuerdos partidarios y sociales imprescindibles para un plan de estabilización, productividad y desarrollo que, si es exitoso, hará muy manejable el resto de la herencia del kirchnerismo, incluyendo este riesgoso episodio de cese de pagos.
¿Cómo se puede hablar de “malhadada herencia” pero a la vez de “buenas perspectivas”? Esta es la mejor manera de pronosticar: si las cosas salen mal a partir de 2015, la culpa es de la malhadada herencia; y si salen bien, de las buenas perspectivas (pero nada relacionado con lo hecho antes por el kirchnerismo).
Una pareja dificultad tendrá manejar bien la abundancia de recursos naturales, en particular la de hidrocarburos no convencionales, ahorrándolos en parte e invirtiendo el grueso en recursos humanos para superar de modo sostenible la pobreza y la exclusión y mejorar la distribución del ingreso.
Un hilo conductor une a ambos desafíos, y es reconstruir instituciones económicas y sociales tales como la transparencia cristalina del sector público, un Banco Central más independiente, estadísticas oficiales confiables, fondos de ahorro público, evaluación rigurosa de la inversión pública y políticas sociales sostenibles, despojadas del clientelismo denigrante.
Un final que está a la altura de toda la nota. Más de lo mismo.
Ah, casi me olvido un pequeño detalle que puede ayudar a comprender mejor esta nota: Llach fue viceministro de economía durante el menemismo y ministro de educación durante el gobierno de la Alianza, donde abogó por la supresión de la gratuidad de la educación, la privatización de la educación primaria y secundaria o la provincialización de las universidades nacionales.


1 comentario:

  1. Y si don Telechea... es lo que hay.... pero son serios eso sí.

    Ahora es necesario poner en desmitificar de una vez por todas las "leyendas urbanas" sobre el déficit fiscal, la política fiscal con su insoportable carga impositiva (sin netear las transferencias obvio). Seguimos con que la hiper alfonsiniana se debío al estado elefantiásico

    Aclarar que el crecimiento del PBI fue tironeado por el crecimiento del mercado interno bajo el impulso de una política fiscal expansiva

    Y si, es una nueva esa que todos están esperando un año par hacer todo...

    En fin, de todas maneras urgen las aclaraciones al respecto por muchísimo más de lo que pensamos están convencidos de estos mitos y leyendas... pero bueno, hay que reconocer que han hecho bien su lavado de bocho

    Saludos

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