martes, 28 de octubre de 2014

El largo plazo importa, y mucho.

Contradiciendo un poco a la célebre frase de Keynes[1], el largo plazo sí importa, y por varios motivos. En primer lugar porque el estudio del largo plazo, o lo que es lo mismo, la tendencia de crecimiento de una economía, es lo que determina su condición actual. Por ejemplo: no es lo mismo una economía que logró un crecimiento per cápita sostenido en torno al 6% por 60 años, que otra lo hizo en torno al 2%. Esas diferencias son las que debería poder explicar correctamente una teoría de (lo que aquí llamaremos) la tendencia. A su vez, esta teoría no solo debería poder explicar por qué un país creció más que otro, sino además por qué un país creció durante 40 años a una tasa promedio de 3,5%, luego al 1% por los siguientes 27 años y finalmente al 5,7% en los últimos 12 años.

Los casos mencionados no son inventados. El primero refleja lo sucedido para el caso argentino vis a vis el coreano:

Fíjense que a priori la diferencia entre crecer al 2% o al 6% podría no parecer demasiado, pero cuando hablamos de un crecimiento acumulado por 60 años, la divergencia es abismal.

Y el segundo caso muestra lo sucedido para el caso argentino en los últimos 80 años[2]:

La línea gris refleja justamente esta tendencia que la teoría debería poder explicar. Y esto lo debería hacer a partir de un enfoque objetivo, entendido como aquel que no apela a condiciones culturales para explicar el crecimiento (por ejemplo el confucionismo en Corea), sino al estudio de las relaciones macroeconómicas y su evolución en el tiempo.

En la actualidad existen, a grandes rasgos, dos enfoques para explicar la economía: lo que se conoce como el mainstream (u ortodoxia), que abarca a la gran mayoría de los economistas, y la teoría poskeynesiana (u heterodoxia). En ambos casos existen ramificaciones, y por lo general la mayoría se suele asociar de algún modo con la figura de Keynes (que vendría a ser el Perón de la economía).

Una de las diferencias que existe entre estos dos enfoques se da precisamente en la explicación de la tendencia, particularmente en el rol que tiene la demanda efectiva. El mainstream no cuenta con una teoría keynesiana para explicar la tendencia de largo plazo. Esto se debe a que, si bien acepta que en el corto plazo la demanda efectiva puede influir en la determinación del producto, en el largo plazo éste se encuentra determinado solo por condiciones de oferta (tecnología, instituciones y capital humano básicamente). Los poskeynesianos, en cambio, creen que tanto en el corto como en el largo plazo la economía es tirada por la demanda.

Esta diferencia, que puede parece menor a primera vista, en realidad implica visiones radicalmente opuestas en materia de recomendaciones de política económica. Además esto no solo afecta las recomendaciones de política de largo plazo, sino que afecta (es más, diría que determina) las política de corto plazo. El mainstream, por ejemplo, apela a estas supuestas restricciones de oferta (que existen, pero que por lo general no operan, y menos aún en los países subdesarrollados) para limitar el estímulo de la demanda agregada como motor del crecimiento. Así, ni en el corto ni en el largo plazo habría que utilizar políticas de demanda (lo más cercano a esto sería el gasto en inversión productiva), sino que habría que enfocarse a mejorar las condiciones por el lado de la “oferta”.

Se observa entonces que es sumamente relevante el enfoque que se adopte para explicar la tendencia de largo plazo. Por esta razón, en sucesivas entradas voy a presentar, de modo general, el enfoque conocido como clásico-keynesiano (que combina la teoría keynesiana de la demanda efectiva con la teoría de la distribución clásica), ya que creo que es el más adecuado para explicar la evolución económica de largo plazo.



[1] De todos modos, hay que aclarar que la frase de Keynes tiene que ser interpretada sin perder de vista el contexto histórico en el que escribe la Teoría General (o sea, la crisis más grande del capitalismo hasta ese entonces) y académico (la teoría hegemónica no reconocía problemas sostenidos por falta de demanda). No es que el largo plazo no importara, sino que la teoría dominante grosso modo lo que decía era que los problemas de desempleo se corregirían solos…en el largo plazo. Por otro lado, en el capítulo 17 de la Teoría General, Keynes brinda una teoría de largo plazo.
[2] Los períodos considerados fueron desde 1932 (gobierno de Justo) hasta 1974 (muerte de Perón), desde 1975 (Rodrigazo) hasta 2002 (la crisis), y desde 2003 hasta la actualidad.

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