viernes, 7 de noviembre de 2014

II - La (ausencia de) demanda efectiva en los autores neoclásicos

Continuamos con las sucesivas entregas sobre la teoría de la tendencia de largo plazo poskeynesiana (intro y sección I), pasando ahora al análisis de la teoría marginalista o neoclásica

Al igual que en los autores clásicos, en los autores neoclásicos (en realidad “marginalistas” se aplica mejor)[1] la demanda efectiva no tiene ningún rol en la determinación del producto de largo plazo. Sin embargo, ni esto ni su denominación debería dar la idea de que existe una continuidad entre ambas teorías, ya que son diametralmente opuestas.
Para ver esto alcanza con observar que la estructura analítica de la teoría marginalista es completamente diferente, dado que la misma toma como variables dadas a las preferencias de los consumidores, las dotaciones disponibles de los factores productivos y las condiciones técnicas de producción. A partir de esto, la teoría determina simultánea y simétricamente las cantidades producidas y los precios relativos, que a su vez establecen las remuneraciones de los factores productivos (Ciccone et al., 2007).
Esto además conlleva implicancias tanto para la determinación del producto como para la del nivel de empleo, dado que la teoría establece una tendencia hacia el pleno empleo de todos los factores productivos. Para poder entender lo anterior es necesario analizar los dos mecanismos que están detrás de esto.
Siguiendo a Petri(2010), vemos que esta tendencia hacia el pleno empleo de los factores se debe a que la proporción de los factores demandada es una función decreciente de la proporción de sus respectivas remuneraciones. Así, ante el exceso de oferta de un factor, se produciría una caída de su remuneración que generaría un incremento de la proporción en la que la firma desea utilizar ese factor respecto del otro, y por lo tanto un aumento de su demanda. Esto se conoce como el mecanismo de sustitución directa de los factores, dado que para producir una determinada cantidad las empresas utilizan el factor que se ha hecho relativamente más barato, sustituyéndolo por el otro.
Complementariamente, existe un segundo mecanismo, el de sustitución indirecta, que refuerza al anterior. Éste funciona a través de los consumidores, quienes demandarán una mayor cantidad del bien que sea relativamente más barato en relación al otro. Indirectamente, esto significa que los consumidores están demandando una mayor cantidad del factor de producción utilizado de manera más intensiva en la producción de ese bien. Así, ante un exceso de oferta de uno de los factores, caerá el precio del bien más intensivo en ese factor y aumentará la demanda de dicho bien (e implícitamente se incrementará la demanda de ese factor, logrando el equilibrio).
A partir de estos dos mecanismos es que quedan determinadas las curvas de demanda de los factores (las cuales se encuentran inversamente relacionadas con su respectivo precio), que en conjunto con las curvas de oferta permiten que se genere la tendencia hacia su equilibrio competitivo.
De lo anterior se desprende que como en cada mercado hay una tendencia hacia el pleno empleo del factor, no hay problemas en realizar el análisis suponiendo el pleno empleo de los otros factores, ya que tarde o temprano se llegará a un equilibrio donde todos los factores se encuentren plenamente empleados.
De este modo, la teoría marginalista logra un equilibrio que determina, de manera simultánea y simétrica, las cantidades producidas, la remuneración de los factores y los precios relativos de los bienes. En el equilibrio, la composición de la demanda de los bienes de consumo debe ser tal que asegure el pleno empleo de los factores de producción; esto implica además que los precios relativos de los bienes de consumo deben ser aquellos que logren esa composición en la demanda; y que como esos precios dependen de las remuneraciones relativas de los factores de producción, la distribución de los ingresos deber ser aquella que asegure el precio relativo apropiado de los bienes de consumo.
En relación a lo anterior se observa que, paradójicamente, en el enfoque marginalista no se adopta la Ley de Say, porque en realidad no hay espacio para ella. A partir de la propia estructura analítica de esta teoría no solo se logra que en el largo plazo toda la producción se realice en el mercado sino que además el único nivel (y composición) de producto compatible con el equilibrio es aquel donde todos los factores se encuentran plenamente utilizados.



[1] Los autores aquí considerados como neoclásicos, cuyo máximo exponente fue Marshall, son los que posteriormente Keynes critica. No obstante consideramos que es un error llamar a estos autores así, dado que su teoría se encuentra mucho más cerca de los marginalistas (Jevons, Menger y Walras), que de los clásicos. Al respecto, ver Lawson (2013).

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