martes, 4 de noviembre de 2014

La (ausencia de) demanda efectiva en los autores clásicos

En la entrada anterior, decíamos que la teoría poskyenesiana tiene una explicación para la tendencia de largo plazo que es, en definitiva, opuesta a la que presenta el mainstream. Este enfoque se conoce como clásico-keynesiano, dado que combina la teoría de la distribución clásica con la demanda efectiva keynesiana. Así, para poder entender este enfoque resulta necesario hacer un repaso histórico, arrancando por la teoría clásica.
Para poder analizar cómo se determina el nivel del producto en los autores clásicos[1] es necesario introducir la estructura analítica presente en su teoría. Esta estructura se podría representar a través de un núcleo que refleja las relaciones existentes entre las variables independientes y las dependientes.
Del cuadro se desprende que la tasa de salarios, el producto social y las condiciones técnicas de producción son las variables independientes, que se explican por fuera del núcleo, ya que su determinación depende del contexto sociohistórico e institucional, mientras que las relaciones que se establecen dentro son de carácter general y común a todos los sistemas económicos (beneficios, rentas y precios relativos). Por tales motivos resulta apropiado estudiar las variables que se encuentran fuera del núcleo de manera separada del resto, considerando las circunstancias del período analizado. Esta separación entre las variables que se encuentra fuera y dentro del núcleo señalan una característica fundamental del enfoque clásico: la posibilidad de representar a esta teoría como un conjunto de estadios analíticos distintos, aunque conectados entre sí (Ciccone et al., 2009).
A partir de lo anterior es que se puede apreciar el rol que tiene la denominada Ley de Say[2] en la teoría clásica. Dado que estos autores no contaban con una explicación para la determinación del producto, la utilización de este supuesto resulta clave para no tener que lidiar con dicho problema y para poder enfocarse en el aspecto distributivo y la determinación de los precios relativos (Mongiovi,1990). Lo que se observa entonces es que la demanda efectiva no tiene ningún rol en la determinación del producto de largo plazo para los autores clásicos.
No obstante, resulta necesario hacer algunas aclaraciones respecto de lo anterior. En primer lugar, esto no implica que los clásicos excluyeran de su análisis a la demanda efectiva, o que directamente la desconocieran. Por el contrario, reconocían que la demanda efectual (como la llamaban ellos) podía causar desequilibrios en la producción, pero éstos eran solo de carácter transitorio.
En segundo lugar, Malthus y Marx explícitamente criticaron la Ley de Say. En relación al primero, Malthus argumentaba que la tasa de ganancia natural podía no verse realizada dado que nada aseguraba que existiese una demanda adecuada que asegure que prevalezcan en el mercado los precios naturales (Costabile, 1983)[3]. Marx, en cambio, apelaba a la característica del dinero como medio de atesoramiento para afirmar que esto podía provocar que la venta de la producción no fuese realizada.
Por último, hay que destacar que para la teoría clásica la adopción de la Ley de Say no trae aparejada ninguna derivación respecto al nivel de empleo. Ésta solo establece que todo nivel de producción se verá realizado en el mercado, y que por lo tanto el equilibrio de largo plazo será compatible con cualquier nivel de empleo (Mongiovi, 1990). Esta aclaración vale porque en muchos casos se asocia automáticamente a la Ley de Say con el pleno empleo que asume la teoría mainstream, algo que es incorrecto y que en la próxima entrada vamos a desarrollar un poco más.


[1] Aquí tomaremos como clásicos a Smith, Malthus, Ricardo y Marx, dado que se puede encontrar en estos autores puntos similares en su teoría, con particular énfasis en los aspectos distributivos.
[2] Ésta se puede reducir a dos proposiciones fundamentales: 1) todo proceso de producción da lugar a una cantidad de ingresos cuyo poder de compra es exactamente idéntico a aquel necesario para adquirir dicha producción; 2) la demanda agregada tiende a adecuarse al nivel de producción llevado a cabo en la economía.
[3] Mongiovi (1990) plantea que a pesar de lo anterior, Malthus consideraba a la inversión como una consecuencia inevitable del ahorro, lo que es lo mismo que adherir a la Ley de Say.

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