miércoles, 9 de julio de 2014

Sensaciones encontradas

"¿Quién querés que gane, Brasil o Alemania?".
Qué pregunta.
La verdad es que no estaba seguro: por un lado, futbolístico le podríamos decir, no quería que ganara Brasil por ser el más ganandor de la historia de los mundiales (además de ser nuestro rival N°1); pero por otro, más geopolitico llamémosle, no quería que ganara Alemania porque sinceramente es uno de los pocos países que no son de mi agrado, en todo sentido.
De todos modos, si me apuraban creo que respondía que preferia que pasara Alemania. Que Brasil ganara su sexta copa del mundo, y que encima lo hiciera de local y frente a nosotros, es algo que pesaría demasiado en mi memoria.
Pero nunca hubiese querido que pasara lo que terminó pasando. Un 7-1 duele en el alma, incluso a un argentino (que tenga un mínimo amor futbolero).
Y las mejores palabras que encontré que reflejan este sentimiento, son las de Hernan Casciari. Copio la nota entera (es cortita):

Las primeras palabras del papa Juan Pablo II después de los atentados contra las Torres Gemelas fueron las siguientes: «El mundo, tal y como lo conocemos, ha dejado de existir». Desde hoy se puede decir lo mismo sobre los Mundiales de Fútbol.
Escribo estas líneas horas antes de que Argentina juegue una semifinal después de muchos años. Pero también las escribo sabiendo que el fútbol, tal y como lo conocemos, ha dejado de existir.
Lo que pasó hace un rato en Belo Horizonte lo cambia todo y no puede ser bueno para nadie. Solo para los alemanes, que son máquinas sin corazón. Pero para nadie más.
Aunque la Copa la termine levantando Holanda o Argentina, este Mundial será recordado por otro evento. Aunque Messi o Robben hagan magia el domingo, e incluso tuerzan el viento del huracán germano, la bisagra de esta época deportiva tendrá su corte histórico en el Estadio Mineirao, y no en el Maracaná.
Por primera vez en su historia, un Mundial terminó cinco días antes del pitido final.
Y sin embargo veo en Twitter, en la prensa argentina, en la tele, alguna gente muy contenta por la desgracia brasileña. No puedo entender esa alegría. No me hace feliz en absoluto el siete a uno de esta tarde.
Hubiera preferido que el pelotazo del chileno Pinilla entrara, en vez de pegar en el travesaño, y que Brasil se hubiera quedado fuera en octavos o en cuartos; nunca de esta manera.
Me gusta que Brasil sea nuestro némesis en América, me gusta pensar en ellos como nuestro peor enemigo. Ah, que rabia me dan sus camisetas amarillas, sus laterales que suben al ataque, su historia sin mácula, sus cinco estrellitas azules en el pecho… Pero hay castigos que no se le desean a nadie, ni al peor enemigo.
Podemos desear ganarle a Brasil. Podemos desear que Brasil pierda siempre, si es posible en tiempo de descuento. Podemos señalar con sorna que, aunque tengan cinco mundiales, nunca logren ganar los de su casa. Pero desear, o festejar, un siete a uno contra Alemania, sabiendo que el próximo festín de las máquinas feroces podemos ser nosotros, eso, es indeseable.
Es indeseable que los alemanes ganen su primer Mundial en América. Es indeseable que exista la posibilidad de que vuelvan a golearnos como en Sudáfrica. Es indeseable que los jugadores argentinos salgan hoy a la cancha pensando que, si le ganan a Holanda, lo que sigue no será épico, porque la épica ya ocurrió en semifinales.
El siete a uno del Mineirao es el peor resultado del mundo. La maravillosa final esperada por todos era Brasil y Argentina. Cualquier otro cruce es una mierda pinchada en un palo. No arropo a Brasil como los falsos progres que pretenden que en el fútbol debe imperar la unión latinoamericana. Una mierda.
Solamente digo que el viejo y querido balompié de los hombres imperfectos ha dejado de existir; desde hoy impera el fútbol de las máquinas sin falla. Esas que nos hicieron cuatro en Sudáfrica y nos dejaron traumas y sufrimientos durante cuatro años. Entre aquel partido y el de ayer, Alemania le acaba de meter once goles a brasileños y argentinos. Nos hermanó en la más puta de las desgracias.
Nos dejó solos a un costado, preguntándonos qué se siente. Qué se siente que tu verdadero papá no sea otro equipo de once jugadores, sino un artefacto infernal. ¿Qué se siente?


viernes, 4 de julio de 2014

Una crítica a la oferta de trabajo

(Este post nació como una respuesta a la consulta de un alumno que preguntó qué sucedía con la oferta de trabajo ante una caída de los salarios; y es probable que termine siendo una nota de clase, así que cualquier aporte/crítica es bienvenida).
Si agarran cualquier manual de economía se van a encontrar con un capítulo entero destinado al mercado de trabajo. Allí se explica cómo supuestamente funciona dicho mercado[1], a través de las archiconocidas curvas de oferta y demanda: la oferta de trabajo, formada por todos los trabajadores dispuestos a ofrecer su fuerza de trabajo a cambio de una remuneración; y la demanda de trabajo, formada por todos los empresarios dispuestos a contratar trabajadores a cambio de un salario.
De forma gráfica esto se representaría de la siguiente forma:

Uno de los grandes problemas (o virtudes) que tienen las curvas de oferta y demanda es que, como están tan instaladas, por lo general no se discute su construcción (i.e. la forma y la orientación que tienen). Así que vamos a meternos con eso para entender todo lo que está implícito detrás de esas curvas, puntualmente con la curva de la oferta de trabajo[2].
¿De qué depende la forma y la orientación de la curva de la oferta de trabajo? La explicación se encuentra en la interacción del efecto sustitución y del efecto ingreso que tienen el salario y el ocio sobre la decisión de los trabajadores acerca de cuánto desean trabajar, y de cuál de los dos efectos sea el que impere.
El efecto sustitución es bastante simple de entender: cuando aumenta (cae) el salario, el trabajador va a ofertar más (menos) cantidad de trabajo porque obviamente lo va a valorar más (menos) que el ocio. Acá una primera digresión: notar que para la teoría el trabajo sería un “mal” mientras que el ocio sería un “bien”, lo que plantea una disyuntiva entre trabajar o quedarse en su casa durmiendo la siesta, por ejemplo. No se concibe la posibilidad de que el trabajo sea algo que a uno le interese y que lo haga a gusto.
El efecto ingreso es un poco más complicado: cuando aumenta (cae) el salario, el trabajador va a ofertar menos (más) cantidad de trabajo porque ahora va a ser más (menos) rico, lo que va a hacer que consuma más (menos) de todos los bienes, siendo el ocio uno de ellos. La mejor manera de entender esto último es pensando qué sucedería con una persona que gana un sueldo muy elevado, digamos $200.000 por mes trabajando 8 hs por día (o sea $5.000/hora), a la cual le aumentan el sueldo un 33% (pasando a ser de $6.667/hora). Es probable que esta persona prefiera ahora trabajar 6 hs por día, y mantener el mismo sueldo que antes (i.e. cuando aumenta el salario, cae la oferta de trabajo), que continuar trabajando 8 horas con un sueldo mayor.
¿Qué efecto prima? Según los manuales, el efecto sustitución. Así, a menor salario se va a observar una menor oferta de trabajo, mientras que a mayor salario sucederá lo contrario. Esto significa que la curva de la oferta de trabajo será ascendente. En algunos casos (como en el del gráfico), se aclara que a medida que crece el salario cobra más fuerza el efecto ingreso, haciendo que la curva se vuelva menos elástica. Como vimos en el ejemplo anterior, esto se debe a que llega un punto en donde los ingresos son tan elevados que ya no se valoran tanto como antes y es necesario aumentos mayores para lograr que se incremente la oferta de trabajo.
Hasta aquí la explicación típica del manual, pasemos ahora a las críticas.
En primer lugar, utilizando los mismos términos y la misma lógica de esta explicación, veamos que sucede ante un recorte de salarios. Como vimos, esto tiene dos efectos sobre la cantidad de horas que un trabajador está dispuesto a trabajar: por un lado, el trabajador ahora va a “apreciar” más el ocio, porque el salario es menor, y entonces esto va a motivar a que el trabajador prefiera ofertar menos trabajo y consumir más ocio (efecto sustitución). Por otro lado, la caída del salario implica también una caída del ingreso de ese trabajador. Esta caída del ingreso es lo que va a incentivar a los trabajadores a que aumenten la cantidad de horas que prefieren trabajar para poder mantener el nivel de los ingresos previo al recorte (efecto ingreso).
¿Qué efecto prima? Como vimos, según la teoría el que prima es el efecto sustitución. Esto es necesario para mantener el buen “comportamiento” de la curva. De aquí se desprende entonces que, según la teoría, ante una caída de los salarios lo que se observará es una contracción de la oferta de trabajo, y la explicación de dicho fenómeno es que los trabajadores valorarán más el ocio. O dicho en castellano: lo que la teoría está diciendo es que cuando se realice un recorte de salarios lo que sucederá es que los trabajadores decidirán trabajar menos horas porque prefieren quedarse en sus casas haciendo nada.
Para peor, lo que se desprende de todo esto es que ¡son los trabajadores los que causan el desempleo! Lo que sucede es que son ellos mismos quienes, por medio de los sindicatos[3], logran establecer un salario por encima del nivel de equilibrio que termina generando un exceso de oferta de trabajadores, o sea, desempleo. Resulta increíble que al día de hoy los manuales sigan manteniendo esta explicación del mercado de trabajo, la cual fue refutada hace 80 años por Keynes[4].
Ahora bien, podemos pensar dos explicaciones alternativas que se ajustan mejor a la realidad (en verdad, cualquier cosa que digamos se va a ajustar mejor a la realidad). Por un lado, podemos pensar que va a suceder lo contrario a lo que establece la teoría. Es decir, que ante una caída de los sueldos lo que se va a observar es un aumento de la oferta de trabajo. Esto, como ya vimos, significa que prima el efecto ingreso, porque los trabajadores quieren mantener el mismo ingreso que tenía antes entonces se ven obligados a trabajar más.
Gráficamente, quedaría algo así:

(Notar que la curva de la oferta de trabajo tiene esa forma porque el efecto ingreso prima en los niveles salariales bajos y en los altos, mientras que en los niveles medios prima el efecto sustitución).
Sin embargo podríamos pensar en una explicación más sencilla y que se adapta todavía mejor a los hechos: los trabajadores no pueden decidir qué cantidad de horas quieren trabajar, es decir, trabajarán las horas estipuladas por los empresarios, y a esa determinada cantidad habrá una oferta infinita[5]. Esto significa que la curva de oferta de trabajo es inelástica y se representa de la siguiente manera:

Si lo pensamos un poco, esto es probablemente lo más cercano a la realidad, donde son los empresarios los que deciden cuántas horas trabajan sus empleados. De aquí se desprende además que los trabajadores no definen la cantidad de horas que deciden trabajar en función del ocio.
Además de lo anterior, esta representación de la oferta de trabajo invierte la causalidad en la explicación del desempleo, ya que son ahora los empresarios los causantes del mismo, por no demandar lo suficiente.


[1] Notar que justamente la teoría al llamar “mercado” de trabajo a este tipo de relaciones ya está anticipando cuál va a ser su metodología de abordaje para explicar y determinar el nivel de empleo: un “mercado” donde concurren los oferentes de fuerza de trabajo (los trabajadores) y los demandantes (los empresarios), y que a través de las fuerzas de ese propio mercado se llega a un equilibrio donde se igualan la oferta con la demanda, quedando así determinado el nivel de empleo de la economía junto con el salario de los trabajadores.
[2] La curva de demanda también tiene varias complicaciones y críticas, incluso más graves que las que tiene la curva de oferta de trabajo, pero eso quedará para otra entrada.
[3] Mochón y Beker, el manual básico más usado en Argentina, mata elegantemente dos pájaros de un tiro: no son solo los sindicados los causantes del desempleo sino además el Gobierno, a través de la imposición de un salario mínimo mayor al de equilibrio.
[4] Si bien la teoría previa utilizaba los salarios reales en lugar de los nominales, la crítica se mantiene dado que en el capítulo II (pág 16.) Keynes afirma que los trabajadores no son los causantes del desempleo por no aceptar una rebaja en sus salarios nominales.
[5] Aunque parezca raro, el supuesto de una oferta de trabajo infinita (i.e. que siempre va a haber trabajadores disponibles) para un país subdesarrollado tiene lógica: esto se debe, en primer lugar, a que por lo general estos países presentan una tasa de desempleo elevada. Pero aún para un país como la Argentina donde en la actualidad la tasa de desempleo se encuentra en mínimos históricos, este supuesto sigue teniendo vigencia ya que el empleo informal (o desempleo encubierto) es muy elevado, por lo que en realidad siempre sigue habiendo una oferta de trabajo disponible.

2 tipos de cambio: nuevo programa radial

Desde este domingo de 20 a 22 hs arranca "2 tipos de cambio" (Pablo Mira y Juan Pablo Dicovskiy), un nuevo programa radial que mezcla economía y música. Se puede escuchar por Radio Colmena.