jueves, 15 de octubre de 2015

El futuro de los procesos políticos de izquierda en América Latina - Clase magistral de García Linera

"Lo que América Latina está mostrando es que esta reivindicación de lo democrático como el espacio mismo de la revolución, como escenario inevitable y obligado de la revolución, requiere y necesita una reinvención de lo democrático a partir de su fundamento, de su esencia, lo democrático como creciente participación de la sociedad en la toma de decisiones.
Estamos hablando, entonces, de lo democrático por encima de la concepción fósil que nos viene, muchas veces, de los países, llamados tradicionalmente, democráticos del norte, donde ni la mitad de su población elige gobernantes, y de esa mitad que eligen gobernantes, ni el 2% participa en la toma de decisiones y de este 2%, ni el 1%, en verdad, tiene la fuerza de decisión y de ejecución de las decisiones.
Esas democracias fósiles del norte no son, para nosotros, ningún modelo a imitar, ni ningún modelo a seguir. La democracia que estamos reinventando en América Latina es una democracia plebeya, de la calle, del parlamento, de la acción colectiva, de la participación y de la movilización.
En el fondo, socialismo es la radicalización absoluta de la democracia, la democracia llevada al centro de trabajo, al parlamento, al ejecutivo y a la propia vida cotidiana; y, es que, al final, lo que hemos aprendido es que cualquier método de lucha solo ha de ser revolucionario si tienen la participación de la gente, ha de tener su efecto real solo en la medida de la permanente, creciente ampliación y desborde de la sociedad en el ejercicio, cumplimiento y el desarrollo de ese método.
Un segundo punto a mencionar es el gran problema de solamente enfocarse en “tomo el poder” o “construyo poder” al margen del Estado. Esto se debe a que hay y hubo en la izquierda una concepción del Estado como una cosa y, por lo tanto, si es una cosa o bien es conquistable -hay que conquistar el Estado- o bien es distanciable -hay que alejarse de esa cosa que nos envenena-, en ambos casos el Estado es visto como cosa a conquistar o a huir de ella, conquisto la cosa o huyo de la cosa.
El problema es que el Estado no es solo una cosa, es más que una cosa, es instituciones, es normas, es procedimientos que le dan forma cósica al Estado; pero el Estado es más que eso. El Estado es una relación entre las personas, es una manera de vincularnos cotidianamente entre las personas en torno a cosas que nos involucran a todos.
El Estado es, pues, el espacio de lo común de una sociedad, de lo colectivo que tiene una sociedad, de lo universal que posee una sociedad. Su fuerza radica en eso, en que nos atraviesa a todos, que nos involucra a todos, que no contiene a todos; sino no fuera universal, sería un particular. En la medida en que nos involucra a todos, aún a los que no queremos nada con el Estado, aún a los que huimos del Estado, el Estado es una relación entre todas las personas.
Por lo tanto, si esto es verdad, si el Estado es todo esto, entonces, ¡hay que tomarlo!, hay que tomar esa relación, hay que conquistarla.
No te puedes quedar al margen del poder porque eso a los únicos que beneficia es a quienes están en el poder y están destrozando a la sociedad desde el poder. No puede haber izquierda revolucionaria que no opte por la toma del poder, es un falso debate, pero una izquierda revolucionaria entendiendo que el Estado, si bien es comunidad, es también monopolio, no puede contentarse con tomar el poder, está obligada -desde antes, en medio y como continuación del proceso- a transformar ese poder, democratizar ese poder, construir el poder.
Pero si solamente nos dedicamos a tomar el poder sin transformarlo, sin democratizarlo, sin construir poder social que democratice la toma de decisiones, a la larga, devendremos en una nueva élite. Y si solamente nos contentamos con construir poder externamente del Estado, dejaremos tranquilas a las élites gobernar durante 500 años, y el poder nuevamente en contra de la sociedad.
Una tercera enseñanza y complejidad de la revolución latinoamericana en marcha es el tema de la hegemonía, entendido como liderazgo intelectual, como liderazgo moral, como liderazgo ético, como liderazgo lógico, como liderazgo organizativo de un bloque social sobre el resto de la sociedad en la que todos ven el porvenir, el horizonte, la síntesis de lo que somos todos. Esta es la idea general de la hegemonía, en el sentido gramsciano.
No puede haber conquista del poder, no puede haber transformación de la correlación de fuerzas en el Estado si previamente no ha habido una modificación en los parámetros de percepción lógicos y en los parámetros de ordenamiento del mundo morales de la sociedad.
Hasta antes de los 2000, todo era perfecto, todos eran neoliberales, la privatización de los recursos iba a traer el bienestar, la riqueza para el pueblo, el mundo era globalizado, los Estados eran burócratas, la presencia de la inversión extranjera era la salvadora del mundo. Eso ordenaba el mundo, eso ordenaba la vida cotidiana de las personas, su horizonte de acción, su parámetro lógico y su tolerancia moral hacia los gobernantes.
Y, ¿qué pasó? Hubo un momento en que eso ya no era tolerable, ya no era creíble; poco a poco ese descreimiento sobre ese ordenamiento neoliberal del mundo, sobre estas ideas fuerza que ordenaban la organización cotidiana del mundo en nuestra sociedades fue cuestionada, se fue resquebrajando, fue siendo debatida, primero por dirigentes políticos, por dirigentes sindicales, por académicos, por el ama de casa y por el estudiante.
Previamente, hubo un cimbramiento espiritual, mental y cultural en las sociedades latinoamericanas, en unos casos promovidos por una acción militar, en otro, por una acción colectiva frente a los dueños del agua, en otros casos, por una movilización frente al gobierno que había engañado a su pueblo; un quiebre cultural, un ruptura simbólica, un conjunto de modificación del sentido común de la sociedad y sobre ese escenario abierto por un quiebre cultural que modifica las tolerancias morales de las personas, que habilita un espacio de predisponibilidad a nuevas fidelidades, a nuevos proyectos, a nuevos liderazgos, sobre ese escenario emerge cada uno de los procesos progresista en América Latina, con el presidente Chávez, con el presidente Kirchner, con el presidente Correa, “Lula”, con el presidente Evo.
No se trata de personas que caen como un rayo en cielo despejado, hubo un quiebre previo, fundamentalmente cultural, es decir, no puede haber el asalto, digámoslo así, la toma vía electoral, vía revolucionaria, la toma del poder sin previamente una transformación en los parámetros culturales.
Y, aquí dialogo, brevemente con la profesora Chantal Muff sobre este tema, ¿basta con promover una transformación cultural en los parámetros cognitivos de la sociedad para crear identidades y una predisposición al cambio? Es necesario, pero no es suficiente; no hay revolución latinoamericana que haya triunfado contentándose simplemente con la modificación de los parámetros culturales.
No hay revolución duradera, no hay revolución verdadera, que simplemente se asiente con la transformación gradual de los parámetros culturales, eso tiene que traducirse, tarde o temprano inevitablemente, en una acción de fuerza, de derrota de tu adversario. Solamente derrotando a tu adversario, tu hegemonía cultural puede irradiarse y consolidarse.
Un cuarto punto que emerge del anterior, de nuestros procesos latinoamericanos es la importancia de la lucha por el sentido común. El sentido común son ideas ordenadoras del mundo, son ideas ordenadoras de la cotidianidad, son ideas movilizadoras; es el punto en el que se define la tolerancia moral entre gobernantes y gobernados, es el lugar de las certidumbres estratégicas de la sociedad.
La dominación neoliberal, evidentemente, fue fuerza, fue coerción, fue imposición; pero también fue idea fuerza. El neoliberalismo también, y quizá fundamentalmente, fue un conjunto de preceptos mentales mediante el cual la sociedad, el ama de casa, el estudiante, el dirigente, el partido político, el congresista ordenaban el mundo, explicaban el mundo para andar en el mundo.
Se trata, pues, las ideas fuerza de esquemas mentales, de esquemas lógicos y morales que tienden a naturalizar el hecho de la dominación, a volverlo cuerpo, carne, rutina, a volverlo “natural”.  
Si esto es así, la revolución, la lucha contra el neoliberalismo que requiere de golpes de fuerza electoral, de golpes de fuerza social, colectivos y movilizables, requiere, en lo fundamental, también, de nuevas ideas fuerza, ideas esperanzadoras, ideas con la capacidad de generar movilización y acción colectiva con la capacidad de territorializarse e irradiarse. No hay lucha victoriosa contra el neoliberalismo sin una lucha en las ideas antes de la toma de poder, en el momento de la toma del poder y, fundamentalmente, después de la toma del poder.
La batalla de las ideas nuevamente es decisiva en las universidades, en los periódicos, en los medios de comunicación.
En muchos lugares de América Latina, los luchadores sociales que estábamos, o en el ámbito sindical o en el ámbito gremial o en el ámbito académico, hemos pasado a gestión de gobierno, era necesario por supuesto, pero hemos dejado la retaguardia abandonada y eso es muy peligroso.
Necesitamos volver ahí, tan importante como un eficiente ministro de gestión pública, como un ministro de obras, tan importante, es un dirigente conduciendo el sindicato o la confederación, es el académico enseñando en la universidad. No concentremos toda la fuerza intelectual y activa en la gestión del gobierno, no descuidemos el frente social, lo digo como experiencia, vicepresidente, eso nos ha pasado a nosotros y es un error.
Una quinta lección que hemos a prendido, que ha emergido de la acción y de la lucha de los procesos revolucionarios, es que la que la democracia no debe reducirse únicamente al ámbito de la participación parlamentaria, por muy plural, por muy participativa y expresiva que sea esto. Los procesos revolucionarios se defienden, se asientan, se consolidan, se construyen y se profundizan teniendo fuerza en el parlamento y teniendo fuerzas en las calles, ¡obligatoriamente!
Una sexta lección que sacamos de nuestra experiencia revolucionaria, es el tema del papel de la gestión económica. Cuando uno está en oposición, ¿qué es lo que importa?, su capacidad de movilización y su capacidad de crear ideas fuerza articuladoras que generen un principio de esperanza social en torno a liderazgos individuales y colectivos; eso es lo central, uno se juega diez, veinte, treinta cuarenta años, muchas veces nos morimos y algunos tenemos la suerte de vivir para que todo esto se consolide en un proceso revolucionario, como hoy en América Latina, pero eso es estar en oposición.
Cuando este proceso revolucionario, que emerge desde la sociedad, se vuelve gestión de gobierno, se necesita capacidad de movilización, se necesita capacidad de seducción, capacidad de convencimiento, pero también, y esto es lo nuevo, capacidad de gestión económica.

El futuro se va a definir ahí, lo que vaya a pasar en América Latina, el año 2015, 2016, 2017, 2018 que es una etapa de transición va a depender de cómo podemos responder, de cómo podemos actuar, como podemos generar un conjunto de decisiones que le den a las personas certidumbre a las personas en el ámbito económico."

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Más abajo dejo el discurso completo para el que lo quiera ver. El que prefiera la lectura, puede descargar de aquí la versión taquigráfica.


jueves, 17 de septiembre de 2015

Golpe Blando

Las 5 etapas para crear un "Golpe Blando", según Gene Sharp (via el blog del Lic. baleno):

1º Etapa: ABLANDAMIENTO. -Desarrollo de matrices de opinión centradas en déficit reales o potenciales. -Cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento. -Promoción de factores de malestar, entre los que destacan: desabastecimiento, criminalidad, inseguridad, manipulación del dólar, paro patronal y de sindicatos adictos -Denuncias de corrupción, promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.

2º Etapa: DESLEGITIMACIÓN. -Manipulación de los prejuicios anti-populistas. -Impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de prensa, derechos humanos y libertades públicas. -Acusaciones de totalitarismo y pensamiento único.

3º Etapa: CALENTAMIENTO DE CALLE. -Fomento de la movilización de calle. -Elaboración de una plataforma de lucha que globalice las demandas políticas y sociales. -Generalización de todo tipo de protestas, exponiendo fallas y errores gubernamentales. -Organización de manifestaciones y tomas de instituciones públicas que radicalicen la confrontación.

4º Etapa: COMBINACION DE DIVERSAS FORMAS DE LUCHA -Organización de marchas y tomas de instituciones emblemáticas, con el objeto de coparlas y convertirlas en plataforma publicitaria. -Desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad. -Impulso de campaña de rumores entre fuerzas militares y tratar de desmoralizar los organismos de seguridad.


5º Etapa: FRACTURA INSTITUCIONAL. -Sobre la base de las acciones callejeras, tomas de instituciones y pronunciamiento militares, se obliga la renuncia del presidente. -En casos de fracasos, se mantiene la presión de calle y se migra hacia la resistencia armada. -Preparación del terreno para una intervención militar o el desarrollo de una guerra civil prolongada. -Promoción del aislamiento internacional y el cerco económico.

Recordemos que esto fue escrito durante los '80. Para llevarlo a nuestra realidad, solo basta reemplazar al "aparato militar" por el "aparato judicial". 

lunes, 29 de junio de 2015

La visión chartalista del dinero

Cualquiera puede crear dinero; la cuestión es que el resto lo acepte.
Hyman P. Misnky
Desde un enfoque heterodoxo el dinero es concebido esencialmente como una construcción social, constituida como una promesa de pago. Su aceptación social e institucionalidad devienen fundamentalmente de sus dos características principales: la unidad de cuenta para expresar las relaciones de cambio entre las deudas, los precios y el poder de compra, y su capacidad para mantener y trasladar el valor en el tiempo.
Dentro del enfoque heterodoxo, una de las posiciones dominantes es la chartalista, más conocida como MMT (Modern Money Theory). Entre los diversos autores en los cuales se basa esta teoría se destacan A. Smith, G. Knapp, A. Lerner, J. M. Keynes y H. Minsky. Esta teoría establece que el Estado tiene un rol fundamental dado que no solo es el que define la unidad de cuenta del dinero sino que además es el que lo provee y el que impone su aceptabilidad social a través del cobro de impuestos.
Para poder entender este razonamiento resulta necesario mostrar cómo gasta y recauda un país soberano que emite su propia moneda, porque existe la creencia generalizada de que un Estado tiene que recaudar primero para poder gastar, cuando en realidad lo que sucede es lo contrario. El arraigo tan profundo de esta creencia radica en la asociación que se suele hacer entre las finanzas estatales y las de una familia, en la cual es evidente que primero se tiene que conseguir de algún modo el dinero necesario para poder gastar. Pero de ninguna manera se puede pensar al Estado como si fuera un hogar, porque éste detenta el monopolio de la creación de dinero, y por lo tanto necesita primero gastar para luego poder recaudar. Esto es así porque el dinero se “crea” cuando el Estado gasta.
Por ejemplo, en el hipotético caso de una economía en una situación inicial donde no hay dinero, el Estado no puede recaudar impuestos porque las personas no tienen los medios para pagar los tributos. Por lo tanto, el Estado debe primero crear el dinero para poder luego ponerlo en circulación. La manera de hacerlo es a través del gasto, por ejemplo contratando a esas personas y pagándoles un sueldo. Una vez que las personas tienen dinero, el Estado puede cobrarles los impuestos.
De manera análoga se realiza el cobro de impuestos (es decir, retirando dinero de la economía), y su objetivo principal no es financiar el gasto público sino la redistribución de los ingresos y el manejo de la demanda agregada.
Ahora bien, cuando un Estado gasta más de lo que recauda se origina un déficit fiscal. Esto es lo mismo que decir que el Estado introduce (gasta) más dinero del que retira (recauda) en la economía. Y, asumiendo una economía cerrada, los destinatarios de ese excedente de dinero son justamente las familias y las empresas. Lo que se observa, entonces, es que un déficit fiscal significa un incremento de la riqueza del sector privado, mientras que un superávit fiscal implica una destrucción de la misma[1].
Las objeciones que realizan Rochon y Vernengo (2013) al chartalismo son, básicamente, dos: por un lado, afirman que el razonamiento propuesto por esta teoría, acerca de que la razón principal de la existencia del dinero se debe a la capacidad del Estado de recaudar en la moneda de su elección no resulta apropiada; y, por otro, que la explicación cartalista sobre cómo el dinero es introducido en circulación no es compatible con el enfoque poskeynesiano.
Respecto a la primera crítica, lo que argumentan es que si uno analiza la historia del desarrollo del capitalismo a partir de la consolidación de las ciudades-estado italianas en 1648 con la firma del Tratado de Paz de Westfalia, lo que se observa es que los Estados tardaron casi doscientos años en poder controlar el mercado monetario (hecho que, según los autores, queda reflejado con la Ley de la Banca de Peel, sancionada en 1844). Durante esos doscientos años los Estados no pudieron establecer una moneda única dentro de su territorio; por el contrario, era frecuente encontrar varias monedas en circulación, que por lo general eran emitidas por bancos privados o por otros países. Asimismo, su poder para determinar el cobro de impuestos también resultaba bastante débil, lo que acarreaba un nivel de recaudación sumamente bajo. En suma, lo que se desprende del análisis anterior es que la explicación chartalista acerca de la existencia del dinero no resulta apropiada, dado que solamente en un período muy corto (y reciente) de la historia del capitalismo los Estados lograron consolidar su poder para determinar el nivel de recaudación y ostentar el monopolio de la creación del dinero.
En respuesta a esto, Tymoigne y Wray (2013) argumentan que la teoría chartalista no afirma que el cobro de los impuestos por parte del Estado sea necesario para la existencia del dinero, sino solo suficiente. Es decir, se acepta la posibilidad de que la explicación sobre el origen y la existencia del dinero pueda ser otra. No obstante, la explicación chartalista se muestra como la más sólida, tanto en términos lógicos como empíricos, frente al resto de las teorías sobre el surgimiento del dinero. Todavía más, esta teoría refleja de manera precisa el funcionamiento del dinero en la actualidad (hecho reconocido por Rochon y Vernengo), motivo por el cual resulta apropiada, a pesar de que la explicación sobre el origen del dinero siga siendo controvertida.
Respecto a la segunda crítica, Rochon y Vernengo afirman que la teoría chartalista propone una teoría monetaria muy similar a la que tiene el mainstream, dado que el dinero sería introducido de manera exógena por el Estado y luego multiplicado por el sector bancario. Para esto, los autores citan al propio Wray (1998).
No obstante, esta cita resulta descontextualizada, dado que en diversas partes del libro, Wray afirma que el enfoque del chartalismo se basa en la teoría del dinero endógeno. Por ejemplo:
In recent years, many theorists have contributed to the development of an ´endogenous money´ approach that it is in many respects related to the Chartalist position and to the view presented in this book. There are two fundamental precepts of the endogenous money view: 1) the ´supply´ of money generally expands to meet the ´demand´ for money; 2) the central bank has no direct, discretionary, control over the quantity of money (p. 32).
En realidad, lo que la teoría chartalista afirma es que la creación inicial del dinero es realizada por el Estado, pero que a pesar de lo anterior, ni éste ni el Banco Central tienen el control de los agregados monetarios, los cuales van a estar determinados por el nivel de la demanda de crédito y las decisiones de cartera de ahorro de los individuos. Asimismo, esta teoría adopta el enfoque circuitista del dinero, pero agrega que el inicio del circuito tiene que venir dado indefectiblemente por la creación de dinero por parte del Estado (sea a través de un préstamo o de un gasto), dado que los bancos privados, si bien pueden crear dinero, necesitan a priori de la existencia de las reservas bancarias para satisfacer sus necesidades de reservas y para llevar a cabo el mecanismo de compensación (Fullwiler, Bell y Wray, 2012).
Por otro lado, Tymoigne y Wray (2013) sostienen que la crítica de Vernengo y Rochon es incorrecta y refleja que estos autores malinterpretaron el término “apalancamiento” (leverage, en su versión original) como en utilizado en la actualidad por el mercado financiero. Tymoigne y Wray afirman que, si bien la oferta de dinero bancario es endógena y que no se basa en un multiplicador, esto no significa que los bancos privados no apalanquen las reservas provistas por el Banco Central, en el sentido de que los bancos privados pueden tomar una posición en ese activo sin tener que proveer el financiamiento del mismo.

Bibliografía utilizada
Rochon, L. y Vernengo, M. (2003), State money and the real world: or chartalism and its discontents, Journal of Post Keynesian Economics, Vol. 26, No. 1.
Tymoigne, E. y Wray, W. (2013), Modern money theory 101: A reply to critics, Levy Economics Institute, Working paper no. 778, Disponible en: http://www.levyinstitute.org/pubs/wp_778.pdf
Fullwiler, S., Bell, S. y Wray, W. (2012), Modern Money Theory: A Response to Critics, Universidad de Missouri, Documento de trabajo disponible en: http://cas.umkc.edu/economics/people/facultyPages/wray/papers/Working%20Papers/Fullwiler%20Kelton%20Wray%20MMT.pdf

[1] En términos contables, a partir de reordenar la identidad contable básica del producto se obtiene que:
(G – T) = (S – I) + (M - X)    
Donde G = Gasto, T = Impuestos, S = Ahorro del Sector Privado, I = Inversión, X = Exportaciones y M = Importaciones.
Esto significa que para una economía cerrada (M-X = 0), un déficit del Sector Público es por definición un ahorro del Sector Privado.
Desde ya que esto no significa que no exista un límite para el tamaño del déficit fiscal y su financiamiento. Para las economías abiertas y periféricas como la Argentina que no poseen una moneda que permite financiar los déficit externos, el límite viene dado por la restricción externa y se manifestaría a través de la caída del nivel de reservas (Abeles, Cuattromo, Mareso y Toledo, 2013).

viernes, 29 de mayo de 2015

Escuela de invierno para estudiantes de economía



La Maestría en Desarrollo Económico (MDE) del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) invita a estudiantes avanzados de las carreras de Economía de todo el país y América Latina a la segunda edición de su Escuela de Invierno, a realizarse entre el lunes 20 y el miércoles 29 de julio de 2015 en la sede del IDAES/UNSAM (Paraná 145, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).


La Escuela de Invierno tiene el propósito de ofrecer a los estudiantes avanzados de Economía un panorama conceptual de las distintas vertientes “heterodoxas” que usualmente no son cubiertas en los programas de estudio de las carreras de grado, contemplando prácticamente todas las dimensiones relevantes del desarrollo económico, incluyendo cuestiones metodológicas y epistemológicas, desde las teorías del crecimiento y la distribución hasta los asuntos de género, la micro-dinámica del cambio tecnológico o la teoría del comercio internacional, con énfasis en la problemática de América Latina.

Más información, acá.

jueves, 26 de marzo de 2015

El materialismo histórico y el concepto de Ideología

Cuarta entrada sobre la metodología en la economía. Ver las anteriores acá.

El problema de raíz del mainstream está en asumir el enfoque reduccionista del individualismo metodológico, que puede ser rastreado más profundamente al idealismo kantiano. Si, en cambio, creemos que la idea no surge del individuo sino que proviene del exterior, es decir de lo material, que es determinado por el contexto sociohistórico, esto significa que lo importante no es el individuo sino la sociedad, y que el todo es más importante que la suma de las partes (es decir, un enfoque holista).

En el prólogo de Contribución a la crítica de la Economía política (1859), Marx formuló de manera acabada la esencia del materialismo histórico, es decir, la aplicación de los principios del materialismo dialéctico a la vida social:

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda la superestructura inmensa. Cuando se examinan tales transformaciones, es preciso siempre distinguir entre la transformación material -que se puede hacer constar con la exactitud propia de las ciencias naturales- de las condiciones de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia. Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas que puede resolver, pues un examen más detenido muestra siempre que el propio problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existen o, por lo menos, están en vías de formación (p.7).
A partir de lo anterior, Marx entiende el concepto ideología como parte de la superestructura (junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico), y sostiene que está determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción o estructura económica y social. Asimismo, el papel de la ideología, según esta concepción, es actuar de lubricante para mantener fluidas las relaciones sociales, proporcionando el mínimo consenso social necesario mediante la justificación del predominio de las clases dominantes y del poder político.

Gramsci parte del materialismo, aunque con algunas diferencias, y llega así a una noción más acabada de lo ideológico. Para entender este desarrollo, se debe analizar en primer lugar la posición que adopta respecto al materialismo; porque si bien lo toma como válido, a diferencia de lo planteado por Marx no considera que las ideas sean un mero reflejo de la realidad, sino que tiende a verlas como construcciones. Del mismo modo, y relacionado a lo anterior, aunque admite que el ser determina la conciencia en última instancia, cree que la conciencia actúa recíprocamente sobre el ser social y que en esta interacción está la clave de la evolución histórica.

Asimismo, Gramsci también toma como base las Tesis sobre Feuerbach (1845) para desarrollar y complementar la noción de realidad objetiva. Así, lo que plantea es que no hay una objetividad extrahistórica y extrahumana, sino que justamente la noción de algo objetivo significa siempre algo humanamente objetivo, lo que viene a equivaler a algo históricamente subjetivo. De este modo, cuando se afirma que una realidad existiría igual aunque no existiera el hombre, o se hace una metáfora o se cae en una forma de misticismo, puesto que sólo conocemos la realidad en relación con el hombre: como el hombre es devenir histórico, también la conciencia y la realidad son un devenir histórico, al igual que la objetividad (Fernandez Buey, 2002).

Recién a partir de lo anterior se puede arribar al concepto de ideología desarrollado por Gramsci, quien establece que la misma está ensamblada por elementos discursivos y no discursivos mediante los cuales los individuos y los grupos sociales adquieren su conciencia de clase; y es entonces que los diferentes tipos de sujetos se construyen siempre a través de campos sociales ideológicamente enmarcados, lo cual significa que la subjetividad se construye siempre a partir de prácticas ideológico-sociales.

Si creemos que las concepciones del mundo son parte de las ideologías, siendo la expresión de la vida comunitaria de los diferentes bloques sociales y por tanto orgánicamente ligados a éstos; que las ideologías organizan a las masas y articulan las acciones políticas tanto individuales como colectivas y es mediante éstas que los seres humanos adquieren las formas de conciencia; entonces podemos inferir que todas las formas de conciencia son políticas porque se relacionan de una u otra forma con los grupos sociales solo a través de la ideología. (Mouffe, 1979).

De lo anterior se desprende, entonces, que toda forma de conciencia, tanto individual como colectiva, tiene un componente ideológico, el cual se construye a partir de la realidad históricamente subjetiva. Esto tiene un notable impacto para las ciencias, y en particular para la ciencia económica, dado que todo conocimiento científico tendría un origen ideológico, el cual viene determinado por la realidad históricamente subjetiva. Así, en la economía no se podría hablar de una ciencia que progresa ni que acumula conocimiento objetivo, sino que en realidad podríamos pensarlo como un paradigma dominante que refleja (pero a la vez influye en) el devenir histórico y político reciente[1].

Asimismo, este paradigma dominante también se mantiene como hegemónico debido a su supuesta superioridad frente al resto. Sin embargo, una explicación alternativa podría ser que se mantiene porque cuenta con distintos mecanismos de defensa (algunos mencionados en la entrada anterior), que lo terminan blindando de las críticas: los mismos economistas que forman parte del mainstream son los que se auto-recomiendan el método apropiado para falsar las teorías, son los que dan clases en la mayoría de las universidades y solo enseñan su teoría, son los editores de los principales journals del mundo que solo aceptan trabajos que defienden este statu quo, son aquellos que “verifican” su propia teoría a través de trabajos econométricos que en realidad solo son un reflejo de lo que predice la teoría, y así sucesivamente.

Entonces, es a partir de la asimilación y la comprensión de que todo aporte científico contiene un componente ideológico, que viene determinado por el contexto político histórico de la época, que se debe analizar y comprender el devenir de la ciencia a lo largo de la historia[2].

Bibliografía utilizada
Marx, K. (1845), Tesis sobre Feuerbach, en La ideología alemana, Marx, K. y Engels, F., Montevideo: Pueblos Unidos.
Marx, K. (1959), Contribución a la crítica de la economía política, Reedición 1989, México D.F.: Editorial Progreso.
Fernandez Buey, F. (2002), Sobre la noción de materialismo en Gramsci, Universidade Pompeu Fabra, Disponible en: http://www.acessa.com/gramsci/?page=visualizar&id=166
Mouffe, C. (1979), Gramsci and the Marxist theory, Rouledge: Londres.
Schumpeter, J. (1948), Science and ideology, en The philosophy of economics, Hausman, D. (ed.), Cambridge: Cambridge University Press.
Blaug, M. (2003), The formalist revolution of the 1950s, Journal of the History of Economic Thought, vol. 25 (2), pp. 145-156.
Mirowski, P. y Plehwe D. (2009), The road from Mont Pèlerin. The making of the neoliberal thought collective, Harvard University Press.
Arrighi, G. (1999),  El largo siglo XX, Madrid: Akal.




[1] Schumpeter (1948) comparte la idea de que la ciencia esté condicionada por la ideología pero sostiene que esto no evita que exista progreso y que se acumule conocimiento dado que a la larga los trabajos empíricos se encargan de falsar aquellas teorías que tienen un elevado componente ideológico.

[2] Varios ejemplos de trabajos que siguen este abordaje se pueden encontrar en Blaug (2003), Mirowski y Plehwe (2009) o Arrighi (1999).

miércoles, 11 de marzo de 2015

Críticas al enfoque metodológico del mainstream

Tercera entrada sobre la metodología de la ciencia económica. Ver las anteriores acá.
Numerosas críticas se le pueden hacer y se le han hecho al enfoque adoptado por el mainstream. Aquí destacaremos las que creemos que son las más relevantes.
En primer lugar, respecto a lo abogado por Friedman sobre el método de validación, se debe resaltar que el poder de predicción no debe ni puede ser el único modo de validar una teoría. Esto implica, por un lado, el blindaje de los supuestos que adopta la teoría y, por otro, la exclusión del principal objetivo al que toda teoría debería aspirar: la explicación. Si bien la predicción es importante, si no se tiene una explicación coherente y apropiada de los hechos resulta imposible distinguir una relación causal de una espuria.
Como refuerzo de lo anterior, si las personas no actúan como la teoría lo predice, la respuesta será que entonces éstas se estarán comportando de manera irracional, pero de ningún modo esto pondrá en duda los supuestos de la teoría. En relación a esto último, también hay que mencionar que como para la teoría las entidades sociales carecen de valor moral, las mismas no afectan las decisiones de los individuos. Solo éstos importan (Hausman y McPherson, 1984).
Asimismo, si bien Friedman y todo el mainstream en general afirman que si una teoría no es apropiada terminará siendo falsada por la empiria, esto está lejos de ser así. Como muestra Ward (1972):

But, surely, economists engage massively in empirical research? Clearly they do but, unfortunately, much of it is like playing tennis with the net down: instead of attempting to refute testable predictions, modern economists all too frequently are satisfied to demonstrate that the real world conforms to their predictions, thus replacing falsification, which is difficult, with verification, which is easy. We have seen some striking examples of this attitude in the sources-of-growth literature and in the new economics of the family. The journals abound with papers that apply regression analysis to every conceivable economic problem, but it is no secret that success in such endeavors frequently relies on "cookbook econometrics": express a hypothesis in terms of an equation, estimate a variety of forms for that equation, select the best fit, discard the rest, and then adjust the theoretical argument to rationalize the hypothesis that is being tested (p. 146).
Existe, además, otro mecanismo de defensa casi tan o más relevante que el anterior: los supuestos ad hoc. Frente a cada crítica o hecho relevante que puso en jaque al mainstream, éste adoptó diversos supuestos de este estilo para desechar las críticas o acomodar la teoría a los hechos. Un ejemplo que pone en evidencia este mecanismo es el supuesto de la inflexibilidad de los salarios en los modelos nuevos clásicos, o la información asimétrica en la teoría de los precios.
De manera similar, el mainstream también se protegió a través de lo que Palley (2013) llamó economía gatopardo, es decir, adoptando las ideas de la heterodoxia pero de un modo tal que a la vez mantuvo su estructura intacta. Un ejemplo claro se dio con la última crisis mundial, donde se hizo evidente la importancia de la distribución del ingreso, algo que hasta ese momento el mainstream no consideraba importante, dado que reflejaba el –correcto- resultado del funcionamiento del mercado, y que a partir de allí comenzó a incorporar, pero argumentando que esto se debía a un sesgo tecnológico en las remuneraciones.
Por último, respecto a la microfundamentación de la macroeconomía, esto trae aparejado una incompatibilidad al tratar de explicar un comportamiento agregado a partir de las decisiones individuales de los agentes, ya que en la mayoría de los casos estas últimas se encuentran restringidas por las primeras.
Todavía más, resulta contradictorio sostener que la macroeconomía debe estar microfundada y al mismo tiempo argumentar que lo que la economía necesita entonces es fortalecer el realismo en su descripción de las decisiones individuales. Un mayor realismo de este estilo sería lógico si el objetivo de la macroeconomía fuese la explicación y la predicción del comportamiento individual, pero esto es todo lo contrario. La microfundamentación es relevante para la macroeconomía solo si el agente representa a la mayoría de los individuos. Pero el reclamo de un mayor realismo en la descripción del agente representativo va a contramano de lo anterior, dado que esto significaría otorgarle mayor especificidad y, entonces, menor representatividad (Hoover, 1995).

Bibliografía utilizada:
Hausman, D. y McPherson, M. (1984), The philosophical foundations of mainstream normative economics, en The philosophy of economics, Hausman, D. (ed.), Cambridge: Cambridge University Press.
Hoover, K. (1995), Why does methodology matter for economics?, The Economic Journal, Vol. 105, No. 430, pp. 715-734.
Palley, T. (2013), Gattopardo economics: the crisis and the mainstream response of change that keeps things the same, European Journal of Economics and Economic Policies, vol. 10(2), pp. 193-206.
Ward, B. (1972), What's wrong with economics? Londres: Macmillan.

viernes, 6 de marzo de 2015

Música para el fin de semana

Uno de los grandes trovadores que todavía quedan, y de mis preferidos. Acá les dejo un tema que, para mi, lo define y lo resume: Cita con Ángeles, de su álbum homónimo de 2003.

p.d: Lean la letra a ver si identifican a todas las personas y hechos históricos a los que hace referencia.



Desde los tiempos más remotos 
vuelan los ángeles guardianes, 
siempre celosos de sus votos 
contra atropellos y desmanes. 
Junto a las cunas infantiles, 
junto los tristes moribundos, 
cuentan que velan los gentiles 
seres con alas de otro mundo. 

Cuando este ángel surca el cielo, 
no hay nada que se le asemeje. 
El fin de su apurado vuelo 
es la sentencia de un hereje. 
No se distraiga ni demore, 
todo es ahora inoportuno. 
Va rumbo al campo de las flores 
donde la hoguera espera a Bruno. 

Se lanza un ángel de la altura, 
caída libre que da frío. 
La orden de su jefatura 
es descender hasta Dos Ríos. 
Es 19 y también mayo, 
monte de espuma y madre sierra, 
cuando otro ángel a caballo 
cae “con los pobres de la tierra”. 

Dicen que al filo de la una 
un angelote compasivo 
pasó delante de la luna, 
sobrevolando los olivos. 
Y cuentan que con mala maña 
fue tiroteado su abanico, 
justo a la hora que en España 
se nos mataba a Federico. 

Un bello arcángel aletea 
junto a un gran pájaro de hierro. 
Procura que un hombre lo vea 
para ahuyentar cien mil destierros. 
Pero el arcángel se sofoca 
y un ala azul se le lastima 
y el ave negra abre la boca 
cuando atraviesan Hiroshima. 

Dejando un surco luminoso 
por sobre Memphis, Tennessee, 
pasó volando presuroso 
un ser alado en frenesí. 
Iba vistiéndose de luto, 
iba llorando el querubín 
e iba contando los minutos 
de Dios y Martin Luther King. 

El ángel pasa bajo un puente, 
después rodea un rascacielos. 
Parque Central, lleno de gente, 
no se da cuenta de su vuelo. 
Cuánta utopía será rota 
y cuánta imaginación 
cuando a la puerta del Dakota 
las balas derriben a John. 

Septiembre aúlla todavía 
su doble saldo escalofriante. 
Todo sucede un mismo día 
gracias a un odio semejante. 
Y el mismo ángel que allá en Chile 
vio bombardear al presidente, 
ve las dos torres con sus miles 
cayendo inolvidablemente. 

Desesperados, los querubes 
toman los cielos de la tierra 
y con sus lápices de nubes 
pintan adioses a las guerras. 
El mundo llena los balcones 
y exclama al fin: esta es mi lucha, 
pero el señor de los cañones 
no mira al cielo ni lo escucha. 

Pobres los ángeles urgentes 
que nunca llegan a salvarnos. 
¿Será que son incompetentes 
o que no hay forma de ayudarnos? 
Para evitarles más dolores 
y cuentas del sicoanalista, 
seamos un tilín mejores 
y mucho menos egoístas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Marcelo Bielsa, un fuera de serie

Respuesta a un periodista, relacionada con la recaída del Marsella en el torneo francés, donde no gana hace 4 fechas:

“Como usted puede verificar por sí mismo, el procedimiento es el mismo en el primer segmento del año que en este segundo. Lo que ha cambiado, como en natural a medida que crece la competencia y los minutos son absorbidos por 13 o 14 jugadores, es que la exigencia durante la semana ha disminuido. En esta segunda parte los entrenamientos son más cortos y menos exigentes. Pero lo que hay que comprender es que todo aquel que recibe directivas, las valora si a través de ellas consigue éxito. Cuando no consiguen éxito es normal que las rechacen. Por mi experiencia persona sé que el método, el estilo y el sistema son buenos si ganamos y malos si perdemos, y ustedes actúan con esa lógica, que es la lógica de los seres humanos. En un período próspero todas las evaluaciones son a favor y se exaltan los mimos valores que ahora se rechazan. Ustedes creían que yo era mucho mejor de lo que en realidad soy. Eso se ve claramente en las opiniones que han ofrecido sobre mí en la primera vuelta, pero frente a la derrota ninguna actitud es positiva. Ustedes no están en condiciones de valorar ningún mensaje. Se haga lo que se haga está mal hecho. Le pongo un ejemplo: cuando empatamos 2-2, la crítica fue por el ingreso de Aloé y Tuiloma porque eso le quitó protagonismo, posesión y mando al equipo; y ahora cuando tardé en meter a Romao, la crítica fue por no robustecer una estructura que ameritaba algo de mezquindad para conservar la ventaja, sin tener en cuenta ningún matiz. Yo entiendo la lógica con la que operan ustedes. No la critico, la acepto y me someto a ella. Y como me importa lo que se diga de mí, escucho y leo las opiniones que ustedes tienen respecto a mi trabajo, y veo claramente que se han confundido al evaluarme. En la primera parte del campeonato, ustedes creían que yo era muy bueno y que el fútbol francés debía imitar mi forma de proceder y ahora han cambiado de opinión y se expresan en sentido totalmente contrario. A mí me parece lógico eso, me ha sucedido en los últimos 30 años, pero que trato de hacer es la adversidad es fortalecer mis convicciones y no actuar con necedad negando realidades que merecen ser modificadas. Tengo claramente visualizado que en los procesos negativos todos te abandonan: los medios de comunicación, el público y los futbolistas. Pero eso es propio de la condición humana: nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza; y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes. Y no es esto una victimización ni un reclamo, sino la descripción de algo que llevo 30 años viviendo y que se repite en cualquier actividad humana: nadie te acompaña para ayudarte a ganar y todos te acompañan si has ganado. Es la ley de la vida."

viernes, 13 de febrero de 2015

Piketty: El Capital en el SXXI

Arranqué a leer el famoso libro de Piketty, por ahora solo la parte introductoria, y me encontré con esto:

Tal vez sea apropiado indicar también que experimente el sueño americano a los 22 años, al ser contratado por una universidad cercana a Boston [el MIT], en cuanto obtuve mi doctorado. Esa experiencia fue determinante por más de una razón.

Una de las razones importantes que subyace a esta elección es directamente pertinente aquí: no me convencieron mucho los economistas estadounidenses. Desde luego, todo el mundo era muy inteligente y conservo muchos amigos en el seno de ese universo, pero había algo extraño: estaba bien calificado para saber que no conocía nada de los problemas económicos del mundo (mi tesis constaba de algunos teoremas matemáticos relativamente abstractos), y sin embargo la profesión me quería. Pronto me di cuenta de que no se había iniciado ningún trabajo de recopilación de datos históricos sobre la dinámica de la desigualdad desde la época de Kuznets (a lo que me dediqué desde mi regreso a Francia), y, no obstante, la profesión seguía produciendo resultados puramente teóricos, sin saber siquiera cuáles hechos necesitaban ser explicados, y esperaba que yo hiciera lo mismo.

Digámoslo muy claro: la disciplina económica aún no ha abandonado su pasión infantil por las matemáticas y las especulaciones puramente teóricas, y a menudo muy ideológicas, en detrimento de la investigación histórica y de la reconciliación con las demás ciencias sociales. Con mucha frecuencia, los economistas se preocupan ante todo por pequeños problemas matemáticos que sólo les interesan a ellos, lo que les permite darse, sin mucha dificultad, apariencias de cientificidad y les evita tener que contestar las preguntas mucho más complicadas que les hace la gente que los rodea. Ser economista universitario en Francia tiene una gran ventaja: los economistas son poco considerados en el seno del mundo intelectual y universitario, al igual que entre las élites políticas y financieras. Eso los obliga a descartar su desprecio hacia las otras disciplinas, y su absurda pretensión de poseer una cientificidad superior, cuando en realidad no saben casi nada sobre ningún tema. De hecho, ése es el encanto de la disciplina, y de las ciencias sociales en general: se parte de abajo, a veces de muy abajo, y entonces se puede esperar hacer progresos importantes. Creo que en Francia los economistas están un poco más motivados que en los Estados Unidos para intentar convencer a sus colegas historiadores y sociólogos, y de manera más general al mundo exterior, sobre el interés de lo que hacen (lo cual no han logrado hacer). En este caso, mi sueño cuando daba clases en Boston era ingresar a la École des Hautes Études en Sciences Sociales, una institución con grandes nombres como Lucien F ebvre, F ernand Braudel, Claude Levi-Strauss, Pierre Bourdieu, Francoise Héritier, Maurice Godelier y otros tantos más. ¿Debo confesarlo bajo el riesgo de parecer patriotero en mi visión de las ciencias sociales?

Sin duda siento más admiración por esos estudiosos que por Robert Solow, o incluso Simon Kuznets, aun cuando lamento que una gran parte de las ciencias sociales haya dejado de interesarse en gran medida en la distribución de la riqueza y en las clases sociales, siendo que los temas de los ingresos, los salarios, los precios y las fortunas se encontraban en un buen lugar en los programas de investigación de la historia y de la sociología hasta la década de 1970-1980. En verdad me gustaría que tanto los especialistas como los aficionados de todas las ciencias sociales encontraran algún interés en las investigaciones expuestas en este libro, empezando por todos aquellos que dicen que “no saben nada de economía”, pero que a menudo tienen opiniones muy fuertes sobre la desigualdad de los ingresos y de las fortunas, lo que es muy natural.

En realidad, la economía jamás tendría que haber intentado separarse de las demás disciplinas de las ciencias sociales, y no puede desarrollarse más que en conjunto con ellas. Se sabe muy poco en las ciencias sociales como para dividirse absurdamente. Para progresar en temas como la dinámica histórica del reparto de las riquezas y la estructura de las clases sociales, es evidente que se debe proceder con pragmatismo y emplear métodos y enfoques utilizados tanto por los historiadores, los sociólogos y los politólogos, como por los economistas. Es conveniente partir de cuestiones de fondo e intentar dar respuesta a ellas: las disputas disciplinarias y territoriales son secundarias. Este libro, creo, es tanto de historia como de economía. 

lunes, 2 de febrero de 2015

El mito del "clima de confianza"

Una nota reciente del blog Artepolítica muestra que los tres candidatos presidenciales con mayor intención de voto (Scioli, Macri y Massa) apelan en sus discursos a una vocación “desarrollista”, inspirada en el gobierno de Frondizi.
Algo que se desprende casi automáticamente del análisis, pero que el autor no termina de dejar en claro, es que no es ninguna coincidencia que los tres candidatos se declaren desarrollistas. Ante la similitud existente en materia económica entre los gobiernos de Perón y del kirchnerismo, como así también en los problemas que enfrentaron en ambos casos durante sus últimos años (por un lado, fuertes incrementos del salario real que vinieron acompañados de un aumento notable de la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso, elevado poder de negociación de los sindicatos, y por otro, restricciones de balanza de pagos, inflación, desaceleración en la creación de empleo), y dado que las políticas de Frondizi tuvieron cierto éxito al mismo tiempo que lograron contener el avance de la clase trabajadora, era de esperarse que estos tres candidatos, todos conservadores, tengan un discurso que vaya en esta línea.
De todos modos, quiero detenerme en otro punto de la nota, que igual está bastante relacionado con lo anterior: la inversión. Los tres candidatos coinciden en que “faltan más inversiones”, por lo tanto su plan de acción tiene que incluir políticas que fomenten la inversión. Ahora bien, ¿qué políticas? La respuesta a esta pregunta dependerá de los factores que, según ellos, estimulan la inversión.
En los 3 casos (siendo el de Macri el menos explícito), se apela al famoso “clima de confianza”. Según esta explicación, para que los empresarios inviertan hay que brindarles certidumbre, y ahí es donde entran todo este tipo de recomendaciones como que se debería contar con reglas claras, mercados flexibles y competitivos, que haya “seguridad jurídica”, etc. Así, el gobierno debería aplicar medidas (o dejar de hacerlo, en realidad) para generar este marco de confianza. Desde ya que cualquier intervención del gobierno en algún sector de la economía provocaría todo lo contrario.
En realidad este clima de confianza es un gran eufemismo para decir que hay que hacer lo que los empresarios piden. Esto es, básicamente, dejarlos hacer lo que quieran, pero a la vez que el gobierno intervenga para contener los reclamos salariales.
Este argumento enfrenta objeciones de todo tipo (políticas, ideológicas, éticas, etc.), el tema es que si efectivamente esto fuese así, es decir, si el clima de confianza mostrara que las inversiones aumentan, entonces probablemente los que sostienen este tipo de ideas tendrían un punto. Por ejemplo, la técnica del fracking para extraer petróleo es criticada por los ambientalistas pero aun así se utiliza en la actualidad por motivos económicos.
El problema es que lo del clima de confianza es un gran mito creado durante el auge neoliberal que se gestó a partir de los ’70. La mayoría de los trabajos empíricos muestra una relación endeble y poco significativa para estas variables respecto a los determinantes de la inversión[1].
Para entender cómo surgió esta idea, tenemos que dividir esta cuestión en dos: por un lado tenemos lo que podríamos llamar las decisiones domésticas de inversión (las que llevan a cualquier empresa dentro de un país a querer invertir), y por otro las decisiones internacionales de inversión (las que llevan a que los capitales extranjeros opten por invertir en un país en lugar de otro). En ambos casos, el factor principal que lleva a que se incremente la inversión es la obtención de una ganancia mayor. Pero la determinación de este beneficio no es la misma para el caso de una empresa de capital nacional que una filial de una multinacional, por ejemplo.
Empecemos por las primeras, que son las más sencillas de explicar. Las empresas, a la hora de decidir cuánto desean producir, lo primero que miran son las ventas. Y dado que éstas por lo general oscilan bastante de un mes a otro (por motivos estacionales, por factores macroeconómicos, etc.), la producción también tiene que tener cierto grado de flexibilidad para poder adaptarse a los vaivenes de las ventas. Este margen de respuesta deviene de lo que se conoce como el grado de utilización de la capacidad instalada (UCI), que como su nombre lo indica, mide cuánto del total de la capacidad de producción que tiene una empresa está siendo utilizado. Por lo general (aunque varía según la rama), la UCI se ubica en torno al 70-80%. Como dijimos antes, esto es lógico si las ventas oscilan: la empresa desea contar con cierto espacio por si sucede algo que provoca un aumento repentino de las ventas; ante esta situación, la empresa tiene ese margen restante que utilizará para producir más y así poder responder al aumento de la demanda. Si, por el contrario, la empresa trabajara al 100% de la UCI, no podría responder ante ese aumento de la demanda lo que significaría probablemente la pérdida de clientes.
Un primer punto interesante que trae aparejado esta explicación es que parece muy difícil pensar a la inflación como un “exceso de demanda”. Si todas las empresas mantienen este margen de respuesta, cualquier aumento de la demanda sería compensado con un aumento en la producción, dejando pocos motivos para que los empresarios prefieran aumentar los precios[2].
Sin embargo, rápidamente alguien podría decir que si ese aumento de demanda se hace sostenido en el tiempo, en algún momento esa UCI debería llegar al 100%, y entonces ahí sí tendríamos que los empresarios se verían obligados a aumentar los precios, desatando un proceso inflacionario.
Es aquí donde aparece el motivo principal que lleva a los empresarios a invertir: mantener la UCI en el nivel que ellos consideren adecuada. Así, el elemento fundamental que estimula la inversión no es otro que la expansión de la demanda. Cuando crece la demanda, se incrementan las ventas, los empresarios aumentan la producción y esto se traduce en un aumento de la UCI (por ejemplo del 80% al 90%). Si este aumento en las ventas es persistente, los empresarios invertirán (es decir, aumentarán el tamaño de la capacidad instalada), con el objetivo de hacer que la UCI retorne al nivel deseado (para el ejemplo anterior, pasaría de 90% a 80%). Esto es lo que se conoce como el principio del acelerador en la inversión. Para ver una explicación mucho más detallada, con evidencia empírica y reseña de la literatura, recomiendo este trabajo de Amico, Fiorito y Hang (pp. 32-47)[3].
Esto resulta bastante evidente cuando miramos la estrecha relación que existe entre el PBI (que podríamos considerarlo como un proxy del nivel de la demanda agregada) y la inversión para los últimos 100 años de la historia argentina. Es decir, lo que se observa es que la inversión responde a los cambios en el nivel de la demanda agregada, cuando ésta última crece la inversión también crece, y viceversa[4].

Después de ver esto, debería quedar bastante claro que la principal (pero no la única) política económica que estimula la inversión es el crecimiento.
¿De dónde proviene entonces la idea esta del clima de confianza? De lo que antes llamamos las decisiones internacionales de inversión. Con el advenimiento del auge neoliberal tuvo lugar una notable apertura y expansión de los mercados financieros, que vino acompañado de un apetito voraz para ubicar los flujos financieros en los distintos países. A partir de esto se fue desarrollando una arquitectura financiera internacional (organismos multilaterales, agencias de crédito, aseguradoras, calificadoras, etc.) que cumplió el doble rol de funcionar como canalizador de los flujos de capitales y como custodio de los prestamistas para asegurarles que dichas inversiones fueran rentables (o sea, que los morosos paguen en tiempo y forma).
Así, los países subdesarrollados pasaron a competir para poder captar estos flujos de capitales, y la forma de hacerlo era generando este clima de confianza, que no era otra cosa que llevar a cabo las medidas que dictaban los organismos multilaterales y las calificadoras de riesgo, medidas cuyo único objetivo es asegurar que los prestamistas sigan cobrando sus intereses y que ni por asomo están relacionadas con el estímulo a la inversión. Por si esto fuera poco, y como ya analizamos en su momento, estas instituciones no miran las variables fundamentales de las economías para determinar si las inversiones en un país son rentables o no, sino que acomodan las calificaciones en base a lo que dicen los propios mercados, a cuestiones geopolíticas, motivos especulativos, etc.
Así que cuando escuchen a un político o a un economista decir que para fomentar la inversión hay que generar clima de confianza, ya saben: lo que en realidad está diciendo es que hay que aplicar las políticas que piden los mercados financieros y los organismos internacionales. Paradójicamente, lo más probable es que esas políticas, al ser contractivas y regresivas, terminen generando una caída de la inversión.




[1] Hay que aclarar que esto que llamamos clima de confianza no es lo mismo que hablar de estabilidad en las principales variables económicas. Por ejemplo, la volatilidad del tipo de cambio en los países periféricos, como el nuestro, juega un rol importante a la hora de explicar la inversión.

[2] Estamos hablando de motivos estrictamente económicos. En la realidad, sabemos que en muchos casos los empresarios deciden aumentar los precios por otros motivos. Como dice Carlos Raimundi en el prólogo del excelente libro de Diego Rubinzal, "Ahora, Alfonsín": En un país como la Argentina, tan marcado por la cooptaciones de sus instituciones por parte de los poderes fácticos, la progresión de los fundamentos de su economía ha respondido mucho más que a causales técnicas, a razones de índole política. Así, no existen razones específicamente económicas para pasar de una inflación del 196,% en julio de 1989, que determinó la caída de Alfonsín, a una del 9,4% dos meses después con Ménem ya en la presidencia.

[3] Desde ya que de lo anterior no se desprende que la solución mágica sea expandir la demanda al infinito. Por lo general la inversión tarda en responder, por lo que pueden existir desfasajes, y además hay sectores cuya inversión es más estructural y no se ve afectado tanto de la demanda, por ejemplo el sector energético.

[4] Siendo la inversión uno de los componentes del PBI, se podría argumentar que la causalidad es inversa, es decir que la inversión es la que provoca cambios en el PBI. Si bien es lógico que exista un efecto de retroalimentación entre ambas variables, como la participación de la inversión en el PBI fue en promedio para todos estos años del 19%, resulta más plausible pensar que es el PBI el que ejerce la mayor influencia sobre la inversión, y no viceversa.