jueves, 22 de enero de 2015

¿Hasta cuándo?

Estamos, todavía, transitando una de las peores crisis económicas mundiales. Una crisis cuyas causas son varias, pero que sin dudas una de ellas fue la creciente desigualdad observada en la mayoría de los países a partir del auge neoliberal de los 70'. Paradójicamente, este proceso, que ya lleva más de 30 años profundizándose, recién comenzó a ser tenido en cuenta por el mainstream a partir del estallido de la crisis. La explicación es sencilla: para esta teoría la distribución del ingreso depende del aporte marginal que cada factor realiza; así, si los trabajadores se llevan un pedazo cada vez más pequeño de la torta es porque eso es lo que se merecen, por lo que no habría ningún problema allí.
El estallido de la crisis puso en evidencia a estos economistas, al tiempo que mostró, de la manera más cruda, que la constante y creciente desigualdad no puede (ni debe) explicarse como algo natural del sistema, porque eso implicaría que no se puede hacer nada al respecto. El libro de Piketty fue clave en este sentido.
Al día de hoy, han pasado más de 7 años desde que se inició esta crisis. Casi una década. Uno esperaría entonces que, ante el consenso global que se observó en torno a la creciente desigualdad como uno de los problemas y de las causas de esta crisis, se comenzara a revertir este proceso.
Nada de eso.
La desigualdad se sigue profundizando, como si no hubiese pasado nada. Y a una velocidad que asusta. Hace unos días salió un informe de Oxfam que refleja con claridad estos hechos: desde 2009 que la riqueza global que posee el 1% se ha venido incrementando, logrando en la actualidad acaparar el 48% del total, dejando al 99% restante de la población con el 52% de la riqueza. Por si fuera poco, la mayoría de ese 52% de riqueza pertenece al 20% más rico, dejando solamente el 5,5% de la riqueza mundial repartida entre el 80% de la población (!).
Pongámoslo en números, así se entiende mejor. Si la riqueza total del mundo fuese de 1 millón de dólares y la población fuese de 100 personas, la distribución sería la siguiente: la persona más rica del mundo tendría 480.000 dólares, casi lo mismo que las otras 99 personas… ¡juntas! Para peor, casi toda la riqueza restante quedaría en manos de los más ricos, dejando a la mayoría de la población, 80 personas sobre un total de 100, con tan solo 55.000 dólares. Aclaro, por las dudas, que estamos hablando de la riqueza total de esas 80 personas, no de lo que tendría cada uno. Asumiendo que todas tienen la misma riqueza, a cada una le quedarían 688 dólares. O sea, la persona más rica tendría 700 veces más riqueza que cada una de esas 80 personas.
En el informe también se le pone nombre y apellido a los magnates más ricos del mundo, destacando las principales características de los mismos: el 30% son yanquis, la mayoría son hombres mayores de 50 años (85%), que en muchos casos heredaron toda o parte de su fortuna.
Además también dan una explicación bastante plausible sobre cómo es que logran seguir acrecentando su riqueza a costa del resto: haciendo lobby. Parte de esa ganancia va a parar a la financiación de las campañas de los políticos, quienes luego gobiernan para ellos.
Así estamos.

1 comentario:

  1. Más vale sin comentarios...o sise me sslga lo que pienso realmente....se van a ofender aunque ni se van enterar unos cuantos....

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