miércoles, 7 de enero de 2015

¿Queremos un Banco Central independiente?

Esta misma pregunta se hace Lucas Llach, aunque mi respuesta es contraria: No, no queremos un Banco Central (BC) independiente; no por lo menos en los términos en los que él lo plantea. Para entender esto, primero hay que explicar la definición del concepto; porque cuando se habla de "independencia" del BC en mucho casos no se aclara de qué o de quién, algo que es de suma importancia para la discusión. Por lo general existen dos tipos de independencia, una que podemos llamar de objetivos y otra de instrumentos, donde como su nombre lo indica, la diferencia está en que en la primera el BC, y no el gobierno, es quien establece los objetivos económicos a cumplir (la meta de inflación, tipo de cambio o nivel de desempleo objetivo, etc.), mientras que en la segunda el gobierno fija los objetivos, pero el BC decide qué instrumentos y cómo los va a utilizar para cumplir esos objetivos.

Por lo general, en la actualidad los gobiernos fijan los objetivos mientras que los BCs mantienen la independencia en los instrumentos, aunque los grados de libertad pueden variar bastante en cada país. En Argentina, por ejemplo, también es así. Lo que hay que destacar es que la reforma de la Carta Orgánica del BCRA lo que hizo fue ampliar los objetivos (agregando la estabilidad financiera, la promoción del empleo y el desarrollo económico), dado que su versión anterior, hecha por Cavallo en el año 1992 en pleno auge neoliberal, fijaba como único objetivo la estabilidad de la moneda, o sea el control de la inflación. Entiendo que lo que Llach propone es una vuelta a esto mismo, dado que critica 1) el hecho de que el BCRA financie al gobierno, y 2) que se vea forzado a hacer políticas expansivas cuyo único efecto permanente que tendrían sería el incremento de la inflación.

Ahora sí, luego de esta larga aclaración, podemos desarrollar los argumentos en contra y a favor de este tipo de independencia. Arranquemos por esto último, que es lo más corto y sencillo de analizar, porque básicamente solo hay un motivo para que el BC sea independiente del gobierno: la inflación. El motivo sería que los gobiernos (populistas, obvio) siempre quieren gastar más de lo que recaudan y entonces le piden al BC que emita los pesos necesarios para financiar ese déficit. Esa emisión sería la que provoca un aumento de la inflación. El problema principal que tiene este argumento es que, como ya mencionamos acá la teoría monetarista de la inflación tiene puntos muy flojos, tanto a nivel teórico como empírico. Si esto efectivamente es así, el primer argumento de Llach quedaría invalidado.

El segundo argumento también es bastante polémico. En la actualidad ni siquiera el mainstream puede afirmar que el único efecto de largo plazo de una política monetaria expansiva sea una mayor inflación. Numerosos trabajos en los últimos años pusieron en duda esta idea de que el dinero es neutral en el largo plazo (Blanchard y Summers, 1986; Gordon, 1997; Stirati, 2001). Aclaro esto del mainstream porque para la teoría poskeynesiana desde hace mucho que se reconoce que los cambios en la demanda efectiva afectan de manera permanente el nivel de producto, algo que se conoce como path dependency y que puede ser rastreado hasta Kaldor (de ahí la ley Kaldor-Verdoorn, pieza fundamental de este mecanismo).

Pero al margen de lo anterior, aun en el hipotético caso de que los dos argumentos anteriores se mantengan, creo que las ventajas de tener un BC manejado por el gobierno siguen siendo ampliamente superiores. En primer lugar hay que destacar que esta idea de que el BC tiene que ser independiente del gobierno no estuvo siempre presente en la teoría del mainstream. En realidad es relativamente reciente, surgiendo en la década del ´70 a partir de distintos trabajos de los economistas denominados "nuevos clásicos", (que de clásicos no tienen nada, pero eso queda para otra entrada), que de a poquito fueron instalando esta idea de que: a) la política monetaria es inefectiva para manejar la demanda agregada y su expansión solo genera una mayor inflación; b) el gobierno tiende a utilizar la política monetaria de manera discrecional y como las personas se comportan de manera racional, entonces anticipan este comportamiento, haciendo que la credibilidad de las autoridades pase a ser de suma relevancia para la efectividad de la política monetaria; c) la inflación es el peor de todos los males. De lo anterior se desprende, casi de manera automática, que la política monetaria debería enfocarse exclusivamentre a controlar la inflación y que la mejor manera de hacerlo es a través de un BC que sea independiente del gobierno y que se apegue a reglas estrictas, las famosas "metas de inflación" (porque eso lo va a hacer más confiable y creible).

Pero, como dijimos, antes esto no era así. Y no era así porque los 3 argumentos brindados en favor de la independencia de los BCs reflejan el cambio de época que se fue gestando a partir de los '70 con la llegada del neoliberalismo. G. Epstein tiene un excelente trabajo donde justamente muestra que antes (por lo menos desde el siglo XVII con la creación del Banco de Inglaterra) el funcionamiento de los BCs era marcadamente distinto. Lo primero que llama la atención es que la mayoría de estas instituciones surgieron debido a la necesidad del Estado para financiarse, y que entonces uno de sus principales roles siempre fue el de actuar como financista de los gobiernos, algo que choca de lleno con esta idea actual de que los BCs tienen que ser independientes precisamente para evitar esto.

Otro de los objetivos principales era el control del tipo de cambio, lo que implicaba el manejo de los agregados monetarios, el nivel del crédito, el ingreso de capitales y las reservas (e, implícitamente, el nivel de precios). Además el objetivo principal que tenía el uso de la tasa de interés estaba estrechamente relacionado con el manejo de la deuda pública, algo que fue evidente a partir de la Primera Guerra Mundial cuando el endeudamiento público creció notablemente. Por si esto fuera poco, los BCs tenían además políticas puntuales destinadas al desarrollo de ciertos sectores, siendo de lo más común el subsidio a sectores estratégicos de la industria.

En definitiva, lo que se observa es que esta idea de que el BC tiene que ser independiente del gobierno es algo actual que se instaló con el surgimiento del neoliberalismo y que sus justificaciones son poco sólidas. Previo a esto, y a lo largo de toda la historia del capitalismo, los BCs tuvieron un papel mucho más importante y más abarcativo, y por sobre todo fueron claves en los procesos de desarrollo de las economías avanzadas. De lo anterior debería quedar claro que el alcance que tienen las políticas del BC es muy amplio, siendo el control de la inflación solo uno de sus varios objetivos. Al abogar por la independencia de esta institución lo único que se logra es restringir severamente su capacidad de intervención en la economía. ¿No será ésta la finalidad que está detrás de todo?


Bibliografía:
Blanchard, O. y Summers, L. (1986), Hysteresis and the European Unemployment Problem. NBER Macroeconomics Annual.
Gordon, R. (1997), Hysteresis in History: Was There Ever a Phillips Curve? The American Economic Review.
Stirati, A. (2001), Inflation, Unemployment and Hysteresis: an Alternative View. Review of Political Economy.

1 comentario:

  1. Mjmm....
    A mi lo que me rompe soberanamente es esa cosa de querer disimular para no presentarse tan hdp por que no queda muy "progre" que digamos, apretar a los mismos de siempre.

    Por que todos los econochantas (incluso aquellos como el susodicho Llach) saben muy bien que la "independencia del BC" sólo busca enfriar o, en el mejor de los casos, cortar con la "puja por el excedente" puja en la cual tanto el gobierno y como no el BC participan y más allá de tirar guita desde el helicóptero.

    Si los tipos se sinceraran tendría al menos mis respetos pero buehh... convengamos que cualquiera puede decir cualquier cosa por "cadena nacional" y no pasa nada.. en fin

    Saludos y buen año

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