jueves, 26 de marzo de 2015

El materialismo histórico y el concepto de Ideología

Cuarta entrada sobre la metodología en la economía. Ver las anteriores acá.

El problema de raíz del mainstream está en asumir el enfoque reduccionista del individualismo metodológico, que puede ser rastreado más profundamente al idealismo kantiano. Si, en cambio, creemos que la idea no surge del individuo sino que proviene del exterior, es decir de lo material, que es determinado por el contexto sociohistórico, esto significa que lo importante no es el individuo sino la sociedad, y que el todo es más importante que la suma de las partes (es decir, un enfoque holista).

En el prólogo de Contribución a la crítica de la Economía política (1859), Marx formuló de manera acabada la esencia del materialismo histórico, es decir, la aplicación de los principios del materialismo dialéctico a la vida social:

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda la superestructura inmensa. Cuando se examinan tales transformaciones, es preciso siempre distinguir entre la transformación material -que se puede hacer constar con la exactitud propia de las ciencias naturales- de las condiciones de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia. Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas que puede resolver, pues un examen más detenido muestra siempre que el propio problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existen o, por lo menos, están en vías de formación (p.7).
A partir de lo anterior, Marx entiende el concepto ideología como parte de la superestructura (junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico), y sostiene que está determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción o estructura económica y social. Asimismo, el papel de la ideología, según esta concepción, es actuar de lubricante para mantener fluidas las relaciones sociales, proporcionando el mínimo consenso social necesario mediante la justificación del predominio de las clases dominantes y del poder político.

Gramsci parte del materialismo, aunque con algunas diferencias, y llega así a una noción más acabada de lo ideológico. Para entender este desarrollo, se debe analizar en primer lugar la posición que adopta respecto al materialismo; porque si bien lo toma como válido, a diferencia de lo planteado por Marx no considera que las ideas sean un mero reflejo de la realidad, sino que tiende a verlas como construcciones. Del mismo modo, y relacionado a lo anterior, aunque admite que el ser determina la conciencia en última instancia, cree que la conciencia actúa recíprocamente sobre el ser social y que en esta interacción está la clave de la evolución histórica.

Asimismo, Gramsci también toma como base las Tesis sobre Feuerbach (1845) para desarrollar y complementar la noción de realidad objetiva. Así, lo que plantea es que no hay una objetividad extrahistórica y extrahumana, sino que justamente la noción de algo objetivo significa siempre algo humanamente objetivo, lo que viene a equivaler a algo históricamente subjetivo. De este modo, cuando se afirma que una realidad existiría igual aunque no existiera el hombre, o se hace una metáfora o se cae en una forma de misticismo, puesto que sólo conocemos la realidad en relación con el hombre: como el hombre es devenir histórico, también la conciencia y la realidad son un devenir histórico, al igual que la objetividad (Fernandez Buey, 2002).

Recién a partir de lo anterior se puede arribar al concepto de ideología desarrollado por Gramsci, quien establece que la misma está ensamblada por elementos discursivos y no discursivos mediante los cuales los individuos y los grupos sociales adquieren su conciencia de clase; y es entonces que los diferentes tipos de sujetos se construyen siempre a través de campos sociales ideológicamente enmarcados, lo cual significa que la subjetividad se construye siempre a partir de prácticas ideológico-sociales.

Si creemos que las concepciones del mundo son parte de las ideologías, siendo la expresión de la vida comunitaria de los diferentes bloques sociales y por tanto orgánicamente ligados a éstos; que las ideologías organizan a las masas y articulan las acciones políticas tanto individuales como colectivas y es mediante éstas que los seres humanos adquieren las formas de conciencia; entonces podemos inferir que todas las formas de conciencia son políticas porque se relacionan de una u otra forma con los grupos sociales solo a través de la ideología. (Mouffe, 1979).

De lo anterior se desprende, entonces, que toda forma de conciencia, tanto individual como colectiva, tiene un componente ideológico, el cual se construye a partir de la realidad históricamente subjetiva. Esto tiene un notable impacto para las ciencias, y en particular para la ciencia económica, dado que todo conocimiento científico tendría un origen ideológico, el cual viene determinado por la realidad históricamente subjetiva. Así, en la economía no se podría hablar de una ciencia que progresa ni que acumula conocimiento objetivo, sino que en realidad podríamos pensarlo como un paradigma dominante que refleja (pero a la vez influye en) el devenir histórico y político reciente[1].

Asimismo, este paradigma dominante también se mantiene como hegemónico debido a su supuesta superioridad frente al resto. Sin embargo, una explicación alternativa podría ser que se mantiene porque cuenta con distintos mecanismos de defensa (algunos mencionados en la entrada anterior), que lo terminan blindando de las críticas: los mismos economistas que forman parte del mainstream son los que se auto-recomiendan el método apropiado para falsar las teorías, son los que dan clases en la mayoría de las universidades y solo enseñan su teoría, son los editores de los principales journals del mundo que solo aceptan trabajos que defienden este statu quo, son aquellos que “verifican” su propia teoría a través de trabajos econométricos que en realidad solo son un reflejo de lo que predice la teoría, y así sucesivamente.

Entonces, es a partir de la asimilación y la comprensión de que todo aporte científico contiene un componente ideológico, que viene determinado por el contexto político histórico de la época, que se debe analizar y comprender el devenir de la ciencia a lo largo de la historia[2].

Bibliografía utilizada
Marx, K. (1845), Tesis sobre Feuerbach, en La ideología alemana, Marx, K. y Engels, F., Montevideo: Pueblos Unidos.
Marx, K. (1959), Contribución a la crítica de la economía política, Reedición 1989, México D.F.: Editorial Progreso.
Fernandez Buey, F. (2002), Sobre la noción de materialismo en Gramsci, Universidade Pompeu Fabra, Disponible en: http://www.acessa.com/gramsci/?page=visualizar&id=166
Mouffe, C. (1979), Gramsci and the Marxist theory, Rouledge: Londres.
Schumpeter, J. (1948), Science and ideology, en The philosophy of economics, Hausman, D. (ed.), Cambridge: Cambridge University Press.
Blaug, M. (2003), The formalist revolution of the 1950s, Journal of the History of Economic Thought, vol. 25 (2), pp. 145-156.
Mirowski, P. y Plehwe D. (2009), The road from Mont Pèlerin. The making of the neoliberal thought collective, Harvard University Press.
Arrighi, G. (1999),  El largo siglo XX, Madrid: Akal.




[1] Schumpeter (1948) comparte la idea de que la ciencia esté condicionada por la ideología pero sostiene que esto no evita que exista progreso y que se acumule conocimiento dado que a la larga los trabajos empíricos se encargan de falsar aquellas teorías que tienen un elevado componente ideológico.

[2] Varios ejemplos de trabajos que siguen este abordaje se pueden encontrar en Blaug (2003), Mirowski y Plehwe (2009) o Arrighi (1999).

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