martes, 2 de mayo de 2017

El relato M

Todo gobierno tiene su relato. Es algo que tenemos bastante claro, ya que fue una palabra muy utilizada durante el kirchnerismo.
El relato podríamos definirlo (los politólogos no se me enojen) como un discurso que se aleja de la realidad y que, a la vez, intenta transformarla. Busca permear en el sentido común de la sociedad, tratando de instalar ciertas ideas que, a priori, no parecen tener una base material que las respalde.
Uno de los relatos del kirchnerismo fue, sin lugar a dudas, el de la inflación. Fue una batalla perdida desde el inicio, porque la clave del éxito para que un relato funcione es que tiene que tener algo de sustento de dónde agarrarse. 
Por lo general los relatos se construyen a partir de los flancos débiles y de los más fuertes de los gobiernos. Así, otro relato del gobierno anterior podría ser la batalla contra los buitres. En un caso se busca ir contra la realidad y en el otro se busca magnificarla; pero en ambos casos el objetivo es el mismo: transformarla.
El gobierno de Macri ya tiene dos candidatos que se van perfilando como la base de la construcción del relato M: el empleo y las inversiones extranjeras.
El gobierno viene insistiendo hace un par de meses con que el empleo se está recuperando. Comenzó el propio Macri en un discurso a mediados de enero, y después siguieron el ministro de economía y el de trabajo, en todos los casos hablando de "tantos" meses consecutivos de recuperación y generación de empleo.
Decir eso es una mentira bastante grosera. Porque se basan en la serie de empleo privado que no tiene en cuenta el efecto estacional de las contrataciones. El crecimiento del empleo de los últimos meses se explica en su gran mayoría por este efecto.
Si uno utiliza la serie sin estacionalidad, que es lo correcto si uno quiere saber si el empleo está creciendo o no, lo que se observa es que está estancado en los últimos 7 meses (creció 0,2% entre julio de 2016 y febrero de 2017). Es más, el dato de febrero muestra un quiebre, ya que el moderado impulso que venía mostrando se frenó y el empleo volvió a contraerse.

Si se lo analiza en términos de cantidad de trabajadores, el gobierno dice que en los últimos 7 meses se crearon 89.000 puestos de trabajo registrados mientras que en la realidad solo fueron 11.800 (que es lo que se desprende de la serie sin estacionalidad).
Además, independientemente de eso, todavía no estamos ni cerca de recuperar el nivel de empleo previo a que asumiera Macri. Al analizar la evolución de los puestos de trabajo entre febrero de 2017 y noviembre de 2015, se observa una destrucción de 66.400 puestos de trabajo.
Los grandes perdedores fueron la industria (-52.800 puestos), la construcción (-20.200 puestos) y la actividad inmobiliaria (-24.000 puestos). Por otro lado, a pesar de los grandes beneficios otorgados al agro (quita de retenciones y devaluación del tipo de cambio), este sector solo creó 5.00 puestos de trabajo.
Al observar el empleo total registrado desde el cambio de gobierno, se ve una creación neta de registro de puestos de trabajo (+89.300). Esto se debe a que la caída en el sector privado (-66.400 puestos) fue compensada por empleo público (+34.000 puestos), monotributistas (+79.300 puestos), monotributistas sociales (+26.000 puestos) y empleados/as de casas particulares (+21.200 puestos). Los ñoquis, la grasa militante y los que cobran algún plan son los que sostienen el empleo, vaya paradoja.
En relación a esto, 2 puntos importantes a destacar: Por un lado, no está claro que el aumento de los monotributistas y de empleados/as de casas particulares signifique mayores puestos de trabajo. Es probable que una parte sean trabajadores que ya tenían el empleo y que ahora pasaron a estar registrados. Independientemente de lo anterior, resulta evidente que a pesar del crecimiento del empleo total, la calidad de los puestos generados no es la misma. Se destruyen empleos en la industria y se reemplazan por monotributistas.
En relación a la informalidad, no hay datos para evaluar si este sector se encuentra expulsando trabajadores o no, lo que no permite estimar si está subiendo la tasa de desempleo. Si bien este sector es más inestable, lo cierto es que suele funcionar como resguardo ante situaciones de estrés en el mercado de trabajo: quienes son expulsados o no pueden ingresar al sector formal igual requieren ingresos para sobrevivir y los obtienen realizando alguna changa o emprendimiento. Esto significa que más allá de si la tasa de desempleo se encuentra bajando, el escenario laboral sigue deteriorándose.
Vayamos a la segunda parte del relato, la famosa “lluvia de inversiones”. Hasta ahora lo que no se puede negar es que, a diferencia de antes, los dólares sobran. Las reservas internacionales aumentaron USD 23.900 millones desde el cambio de gobierno y actualmente se ubican en USD 48.200 millones, el máximo de los últimos años. Es más, Sturzenegger, que arrancó diciendo que ni el tipo de cambio ni las reservas importaban, acaba de anunciar que el BCRA va a salir a comprar dólares con el objetivo de sostener el tipo de cambio. Economía Política 1, Política Económica 0.
El problema es que nada de esto estuvo explicado por el ingreso de inversiones extranjeras. Desde el comienzo del gobierno de Macri, la Inversión Extranjera Directa (IED) acumula USD 3.340 millones, un nivel muy bajo y similar al que se observó durante el kirchnerismo. Como referencia, podemos decir que esos dólares que ingresaron como IED se fueron como remisión de utilidades y dividendos de las (mismas) empresas, por USD 3.350 millones. Más que lluvia, garúa finita.
El ingreso masivo de divisas no provino de otro lado que del endeudamiento externo. En lo que va del 2017, según el Observatorio de la Deuda del ITE, el Gobierno Nacional emitió deuda por un total de USD 25.114 millones. Si a eso se le suman las emisiones netas de 2016, es decir, descontando las emisiones que vencen en ese año y en éste, lo que se observa es que en tan solo 15 meses de gestión, el gobierno emitió aproximadamente USD 65.700 millones.
En definitiva, los problemas de empleo y las inversiones son dos caras de la misma moneda, o en este caso, del mismo modelo. La apertura al resto del mundo implica un mayor flujo de divisas entrando y saliendo de la economía. Eso, a la vez, implica mayores necesidades de financiamiento, que por ahora son cubiertas por medio del endeudamiento externo, ya que la fuente “genuina” para el gobierno, es decir las inversiones extranjeras, brillan por su ausencia. La contrapartida de eso son mayores importaciones y menor protección para la industria local, que lleva a la destrucción de puestos de trabajo.
La aparición de las inversiones aseguraría la sostenibilidad económica, permitiendo bancarse el costo político del aumento del desempleo; por otro lado, la mejora del frente laboral podría asegurar la sostenibilidad política, relegando a un segundo plano la cuestión económica[1]. De cualquier forma, alguna de las dos partes del relato se tiene que transformar en realidad si el macrismo quiere mantenerse en el gobierno otros 4 años.


[1] Aunque, en este caso, no parece tan claro que alcance con la pax política. La velocidad y la cantidad de deuda tomada en este año y medio ponen en duda la posibilidad de que esto se pueda sostener en el tiempo.

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